Revista poética Almacén
Tele por un tubo

[Ramiro Cabana]

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Curso acelerado de ética televisiva

Estando mi chavala de viaje, hoy me fui a tomar unas cañas con mi colega Carlitos. Hablamos de esto y de aquello, del curro, de la absoluta falta de seriedad del Gobierno, de la victoria del Barça contra el Liverpool, y otras cosillas agradables. (Bueno, aquí hay que aclarar una cosa: el Carlitos y yo no hablamos nunca de fútbol, hablamos del Barça. También hay que aclarar que no hablamos nunca del Madrid que, como producto de la imaginación franquista, para nosotros no existe. Y tampoco existe como producto de ninguna otra imaginación o realidad. Para que la cosa termine de quedar clara, diré que Figo ya no juega al fútbol, se lo ha tragado un agujero negro sito en la Castellana. ¿Queda claro?) Vaya paréntesis más largo. Por algo sería, como dicen cuando alguien da con sus huesos en el trullo.

A lo que iba. Estábamos el Carlitos y yo soltando lastre verbal cuando de repente, Y COMO ES PERFECTAMENTE NATURAL, salió a la conversación el rollo de los famosossssssss. Vaya caca, dirán las fieles personas lectoras, aquí viene el mamón del Cabana a hablarnos de famosos. Pues sí, vaya caca. Vuestra reacción me recuerda a un día en que iba yo por la calle y estuve a punto de pisar una tremenda, enorme, gigantesca, descomunal y amarilla caca de perro. Iba yo a comprar no sé qué y llevaba la mente distraída por la golosa felicidad que me da la sola idea de gastar pasta. ¡Pero la vi a tiempo! Y salve mi sobreprotegida honra. De regreso, con el dinero ya gastado y el cerebro en ese estado postorgásmico, que la mayoría de vosotros conoce perfectamente, producido por el derroche del dinerillo ganado con el pulsómetro en marcha, iba fumando un cigarro y todo, cuando ¿qué es lo que veo? ¡A una señora! Pero no a cualquier señora. Esta era una señora que había pisado la tremenda, enorme, gigantesca, descomunal y amarilla caca de perro. Y la había pisado tanto que la mierda se le había subido al pie, se le había metido por toda la sandalia, entre los dedos de los pies, ¡en las uñas de los dedos de los pies! ¡AAAAAAAAAAAAAAAA
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHH HHHHHHH!

Pues eso es el famoseo. No, no es la caca. Ver un programa de famoseo es como PISAR la caca. ¡Esa tremenda, enorme, gigantesca, descomunal y amarilla caca de perro! AMARILLA, por todos los pies de los santos del cielo y alrededores.

Si por cada minuto de famoseo que nos tragamos (y recordad que estamos hablando de caca) nos tuviésemos que pasar otro minuto limpiándonos el excremento de un bicho doméstico que ni siquiera su dueño sabe lo que come, tenedlo bien claro, tan claro como que el Madrid no existe, que otra sería la programación que nos hubiera tocado vivir. ¿Qué digo la programación? Otro sería el destino de nuestros maltrechos y desfigurados espíritus. Tan desfigurados como lo que ya sabéis que piso la señora.

Todo esto también ha sido un paréntesis. Yo lo que quería decir es que el famoseo está de puta madre. Y además eso es lo que somos. (Lo vais pillando, somos como pisar una caca, una tremenda, enorme, etc.) Pero el famoseo sólo es la parte entérica de nuestra personalidad (pre)democrática. La parte cerebral es Gescartera. Gescartera y el famoseo es lo mismo. ¡ABSOLUTAMENTE LO MISMO! Y también es lo mismo que te toquen no sé cuántos miles de millones en stock options simplemente por haber ensuciado el mismo pupitre que el superjefe. Todo es lo mismo. Es dinero por nada, mucho dinero, la perra gorda, la perra obesa, kilos de guita, toneladas de pasta, con toda la salsa que uno quiera y la segunda copa de vino la paga la casa.

Ya os habíais olvidado de las stock options, ¿eh? Pillines.

Pues cada vez que veáis a un famosete de esos de la tele pensad: Stock options, stock options, stock options, y veréis que rápido se os pasan las ganas de pasar una alegre velada en compañía de Crónicas Marcianas, Tómbola, ET-CÉ-TE-RA.

Pensad, amigos y amigas, en las uñas de vuestros pies.

Pensad que cada punto de audiencia de esos programas es pasta para las stock options de esos cabrones.

Seguro que lo de las privatizaciones os pareció de puta madre, ¿no? Si es así, pues a seguir tragando famoseo. A regalarles toda la guita a los Dinios y Camachos de este mundo. Ellos seguro que la saben gastar mejor que vosotros.

Pero no mejor que yo. Eso lo podéis tener tan claro como que el Madrid no existe. Fijaos. Un día yo voy a comprar cualquier chorrada. Otro día, cuatro años después me estoy tomando unas cañas con mi camarada Carlitos. ¿Y qué pasa? Pues nada más y nada menos que, de estas dos superexperiencias urbanas, yo vengo y saco esta tremenda lección moral, estética y de higiene básica ABSOLUTAMENTE IMPRESCINDIBLE para sobrevivir a los peligrosos tiempos que corren por nuestras más íntimas pantallas.

Así que ya lo sabéis, gran caca amarilla más stock options igual a ver famoseo. ¡Hala!, a ver la tele.


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