Revista poética Almacén
Colaboraciones

Procesadores de información

Francisco Serradilla

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Para los psicólogos cognitivos, el hombre es un sistema de procesamiento de la información.

Tradicionalmente se ha utilizado la metáfora del ordenador con la intención de modelar el comportamiento humano, pero esta metáfora —la de qué es y cómo funciona un ordenador— es en la actualidad una metáfora muy débil porque hay una comprensión relativamente incorrecta de lo que es —o puede ser— un ordenador. Y esta incomprensión proviene del hecho de que los ordenadores que manejamos, es decir, los programas que los gobiernan, son de un tipo muy concreto, un subconjunto de los programas posibles.

En particular, trabajamos con programas que no se modifican a sí mismos según la información que procesan. Y esto tiene que ver en parte con una incapacidad casi absoluta para aprender.

Y, dado que no aprenden, son absolutamente tozudos. Un ejemplo: estoy cansado de contestar, a las preguntas insistentes de cierto navegador, que NO quiero instalar el nuevo plugin de Flash. Es más, si me lo preguntara, le diría que jamás querré un nuevo plugin de Flash, ni de ninguna otra cosa, que no quiero saber nada de Flash ni de sus bondades, que Flash es para mí un símbolo de lo que no debe ser la Web. Que la Web no serviría para nada si quién la ideó (Tim Berners-Lee) no hubiera utilizado una arquitectura abierta y accesible.

Pero mi navegador es incapaz de aprender esto, como también es incapaz de recordar qué sitios Web visito a menudo buscando qué cosas.

En esta metáfora errónea del ordenador (no por la potencialidad, sino por el uso presente), podemos llegar a pensar que la información que procesamos no nos transforma, que no nos modifica hasta conducirnos a un ser distinto, que nos inhabilita para llegar al ser que quisiéramos ser.

Vamos, que no es lo mismo leer a Alejo Carpentier que al académico Reverte.

Y es que la información no sólo nos transforma, sino que es "sensible al contexto". Eso lleva a algunos hombres a contradicciones tan palmarias como criticar el consumismo y el despilfarro energético de la sociedad actual y al mismo tiempo ser un amante de los viajes turísticos. O a alabar la virtud de la nobleza atrincherado en un muro de mentiras para ocultar una vida falsa.

¿Podrán nuevas ideas —menos ingenieriles, más científicas— sobre cómo construir programas de ordenador arrojar nueva luz sobre los programas que a los humanos nos gobiernan?

Quizá sí. Entre tanto, os sugiero que no sólo considereis la información que procesais, sino que intenteis sentir el cambio, sentir cómo la información nos cambia sutilmente, según su calidad, según su contenido. Cualquier información. En cualquier medio. A todos nosotros.


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