Revista poética Almacén
Estilo familiar

[Arístides Segarra]

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Libertad de elección 2: el lápiz de Micky

Les voy a contar un cuento. El Lápiz de Micky. Érase una vez una ardilla que vivía en el tronco de un árbol. Ya saben, exigencias del guión: la figuración antropomorfa de los animales de los cuentos hace que una ardilla tenga que vivir en el interior de un tronco debidamente acondicionado, con su puerta, sus ventanas, su cama, su armario (¿por qué la mayoría de animales de los cuentos visten un pantalón corto de peto? ¿Porque es unisex?) su mesa, su silla, sus cuadros... No por casualidad, a Micky le encanta dibujar y pintar, pero no encuentra su lápiz.

Lástima que entre los aderezos muebles del hogar antropomorfo no haya un espejo, porque el roedor habría descubierto el lápiz calado en su oreja derecha. Por otro lado, también es de agradecer, pues los infantes, bueno, las infantas de hoy en día viven rodeadas de espejos, todos ellos deformantes. En la primera entrega de ESTILO FAMILIAR ya comenté que la imagen de mi hija ante el espejo me reconfortaba. No por ello deja de reflejar mi mirada deforme sobre ella. Otros espejos sólo empeoran las cosas, al devolverle imágenes informes del mundo y de ella misma, léase televisión. No hemos dejado de ser herejes que impugnan los espejos, aunque la paternidad nos mantenga impuros ante la divinidad.

Pero volvamos al cuento. El lector infantil es conminado a hacer clic sobre el lápiz orejero. El adulto instruido en la obediencia debida a la tecnología y sus lógicas incita al niño a que desplace (torpemente) el puntero del ratón hasta el lápiz, consciente que semejante impass sólo tiene una salida. Pero es muy posible que el niño se resista a semejante vulneración de su universo pre-lógico. De hecho, Irene lo hizo: ayudar a la ardilla a encontrar su lápiz no sólo consiste en decirle donde está el lápiz, sino que incluye un prólogo en que hará clic sobre todos los elementos de la habitación preguntando insistente: ¿estará aquí el lápiz? Nooooo. Encontrar algo debe incluir su búsqueda ritualizada, como rezar medio padrenuestro a san Antonio al iniciarla y el resto cuando encontramos el objeto. En fin, Micky busca debajo de la cama y encuentra dos bellotas, pero no el lápiz.
Micky recurre a un amigo lechuza para que le ayude a encontrar el lápiz. El amigo lechuza decide gastarle una broma, puesto que el lápiz sobre su oreja es bien visible. Le indica que busque en las raices de un castaño en donde encuentra dos castañas, pero no el lápiz. Lechuza comunica a todos los amiguetes que sigan la corriente a Ardilla. El siguiente es Ratón, que le hace buscar bajo una piedra, en donde encuentra dos hojas secas, pero no el lápiz. El siguiente, Erizo, le indica un arbusto, en donde encuentra dos plumas, pero no el lápiz. Zorrito (mejor en masculino, si) le indica entre risitas el arroyo, en donde encuentra dos lindas piedras, pero no el lápiz. Finalmente, todos reunidos indican a Ardilla que el lápiz ha estado siempre en su oreja. Ardilla se sonroja, pero recupera su lápiz y con todos los objetos que ha encontrado hace un collage la mar de bonito. Moraleja: la investigación (la búsqueda) tiene su recompensa; se encuentra lo que se busca, o no, pero siempre encuentras algo.

El lápiz de Micky es un cuento interactivo que puede encontrarse en internet, http://www.bbc.co.uk/schools/laac/story/pencil/sound.shtml. En inglés. Si piensa que su hijo es demasiado pequeño para entenderlo, atrévase a ponerlo delante, y cederle el ratón. Alucinará.


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