Revista poética Almacén
Estilo familiar

[Arístides Segarra]

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Élite

Imagino que el amable lector considerará baladí la anécdota que me impele en esta ocasión: élite no figura al diccionario del Word. Cada vez que la escribo, aparece en mi pantallita con una línea quebrada roja en su base, rubor que anuncia su inadecuación, su erroneidad, su inexistencia.

Irene descubrió el ignominioso subrayado escarlata mientras colaborábamos en un ejercicio escolar: escribir un relato que ella misma debía inventar, para no sé qué concurso infantil. Ella dictó:

“Una abeja, un pastel que habla y una niña vestida de azul marino. Un día la niña estaba caminando por el bosque y encontró una abejita que se comía un pastel parlanchín y le dijeron la abeja y el pastel parlanchín: hola amiga, ¿qué haces hoy caminando por el bosque, no sabes que por aquí hay muchos, muchos lobos? Y la niña respondió: Ja, ja, ja, en este bosque nunca ha habido lobos. ¿Qué dices, no recuerdas un día en que te persiguió un lobo o qué?...”

Llegados a este punto, su inventiva o su paciencia se agotaron, y prefirió seguir escribiendo ella a mi dictado:

“La pequeña antimafalda degustadora de sopa, élite del universo mundo infantil…”

―Papá, ¿por qué hay una marca roja debajo de esa palabra?
―Porque, según el ordenador, no existe.

Triste destino el del padre que educa a su hija para algo que no existe. No sólo hay que ser Peleo y Fénix a un tiempo, padre y maestro, sino soportar que tu Aquiles no tenga más retos en su vida que comer cada día y encontrar algo en la televisión que se pueda ver; cantar canciones ñoñas con voz ñoña; darle patadas a un balón para deleite de quien las merece en la cabeza; acumular dinero robando, estafando, usurpando, prevaricando, chantajeando legalmente.

Mi niña nada sabe aún del combate entre fuerzas parejas ni de las asambleas, donde los hombres se hacen ilustres. ¿Dónde puede aprenderlo, cuando nadie lucha si no sabe que va a ganar, cuando nadie habla si no es para decir lo que los demás esperan oír? ¿Cómo transmitirle un exaltado amor a la vida, a pesar de su brevedad, cómo transmitirle que la única inmortalidad posible y digna es la gloria y la fama de quien es irreprochable y procede intachablemente?

¿Qué valor tienen hoy la fortaleza, la templanza, la justicia y la prudencia? ¿Por qué razón, pues, debo enseñarle a pronunciar buenos discursos y a realizar grandes hechos?

¿Cómo demonios conseguiré que lea a Homero?


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Comentarios

Amado Segarra

Me encanta leer que conservas la inocencia, la virginidad o la borrachera.

Élite no existe en Word porque ahora se escribe elite, sin acento. ¿Que no ves que nuestras ELíTES hace mucho tiempo que dejaron de aprender las reglas de acentuación en sus colegietes privados? Entrégale tú al infante de cualquiera miembro de nuestras ELíTES nacionales un bolígrafo. Si tienes suerte te interrogará, utilizando gruñidos y gestos, dónde se enchufa o dónde lleva las pilas y si se pueden hacer fotos con él.
TÚ, mi querido Segarra, me harás el favor de explicarle, y lo harás con dulzura y exactitud, dónde se enchufa.
(Me ha dicho mi cocinera que el jueves comes en el palacete. Qué bien. Pero no traigas nada; no será mejor que lo que tenemos aquí y acabaremos tirándolo.)

Comentado por Cabana el 2 de Marzo de 2004 a las 05:49 PM

Estimados Segarra y Cabana, hablad con la cocinera y hacedme el favor de no tirar nada, guardad todas las sobras, necesito otros perecederos para alternar(en toda la acepción de la palabra) con los míos, y además los vuestros son del palacete.

Comentado por Fernando Villavert el 5 de Marzo de 2004 a las 09:10 PM