Ni que decir tiene que no comparto en absoluto lo que plantea Pedro C. González Cuevas en su artículo, salvo, quizás, algo de su análisis de los complejos del PP: “En el fondo, viene a identificarse antifranquismo y democracia; lo que significa una gravísima manipulación histórica. Porque los socialistas revolucionarios, los comunistas y los anarquistas —lo mismo que sus aliados internacionales— no combatían en defensa de la legitimidad republicana, sino por la construcción de un sistema social y político antidemocrático y colectivista. De ahí que numerosos liberales, como Ortega, Lerroux, Menéndez Pidal, García Morente, Marañón, Cambó, etcétera, apoyaran a Franco en la Guerra Civil. De esta forma, la izquierda falsea la dinámica política de los años treinta.
Frente a esa ofensiva, el Partido Popular apenas tuvo algo que oponer. Desde los años sesenta, la derecha no sólo renunció a la lucha por la hegemonía cultural, sino que padece un claro síndrome de autocrítica cuasimasoquista; y, en consecuencia, aceptó la visión del adversario. Prueba de ello fue, por ejemplo, su apoyo a la concesión de la nacionalidad española a los supervivientes de las Brigadas Internacionales, que fueron presentados ante la opinión pública nada menos que como «voluntarios de la libertad».” Derecha, historia y «memoria histórica».