Al inclinarse para estirar los pliegues y arrugas de la sábana observó una leve mancha en el centro de la cama, un punto informe que separaba las siluetas de los cuerpos aún marcadas como una pisada sobre la tierra húmeda. Se le agolparon entonces todas las noches secas y los días mórbidos y ajenos y vio con claridad en ese tizne extraño que hacía mucho tiempo que se acabara el mundo.