Revista poética Almacén
Por arte de birlibirloque

[Agustín Ijalba]

Otros textos de Por arte de birlibirloque


La fábula del neutrino

Me comenta un amigo aficionado a las cosas de la ciencia y de la astronomía que en el espacio de una bola de billar, bien comprimido, cabe el universo entero, y que la distancia entre el núcleo y los electrones de un átomo, en proporción a sus tamaños, es muy superior a la que existe entre el sol y sus planetas.

Difícil concebir semejantes distancias, pues a poco que lo intentemos descubrimos que somos puro hueco. En nuestra carne habita el abismo, heridos por un corte en el que fluye la sangre como polvo de estrellas. Caer en la cuenta es como no decir nada, pues caes en la espiral del vacío, en el irresistible imán de la esfera inasible, en el espacio vano, en el lado oculto de las cosas. Intuimos presencias, inventamos fantasmas, recorremos lugares imaginarios, vagamos por planetas lejanísimos y construimos naves interestelares en busca de nuevos mundos, leemos las estrellas, trazamos enigmas y desvelamos sus misterios, pero todavía no somos capaces de imaginar el espacio inmenso que media entre una neurona y otra, todavía no hemos captado la grandeza de nuestros cuerpos, la inmensidad del océano en el que navegan nuestras células, todavía no hemos alcanzado el umbral suficiente de silencios que nos hagan comprender el barullo estéril en el que se mecen nuestras vidas.

Mi astrónomo particular me decía también que somos atravesados a todas horas por multitud de neutrinos, pequeñísimos corpúsculos que al parecer vagan a sus anchas por el universo sin que nada ni nadie los controle. Vagabundos estelares, los neutrinos —¿y a quién se le ocurrió semejante nombre?— habitan las galaxias más dispares, y ven lo que nosotros no vemos, porque no lo podemos ver.

Según las últimas investigaciones científicas, los neutrinos han alcanzado la capacidad de representarse a sí mismos de formas muy diversas. Para comunicarse, usan signos gráficos y articulan sonidos complejos, cuyo dominio requiere de una práctica asidua y cotidiana. Los neutrinos se reproducen con facilidad. Algunos de ellos, los más intrépidos, se trasladan de una galaxia a otra por cualquier medio disponible, pues el neutrino necesita poco peso para tan largos viajes. Otros, más sedentarios, se reúnen en torno a hogueras celulares y acaban formando grupos más o menos reducidos, unidos por extraños vínculos. Se sabe incluso que algún grupo logró establecer a lo largo del tiempo instituciones y normas comunes de comportamiento. Ignorados por el resto, que nunca dejó de vagar por el espacio interestelar, tales grupos terminaron por eliminarse unos a otros por absurdas disputas espaciales, empeñados en ocupar todos las mismas estructuras atómicas. El universo es de los audaces, venía a ser el lema de los neutrinos viajeros, que no cesaban en su trajín alrededor de los cuerpos y planetas más diversos.

Vividores e inconformistas, los neutrinos viajeros han logrado preservar un reducto de sentido entre tanto caos, mediante la curiosa artimaña de unirse a él, y a pesar de sus azarosas sacudidas se mantienen a salvo. Asociarse al caos, no enfrentarse a él. He ahí la sabia moraleja del neutrino, ese ser galáctico incombustible al desaliento, que demuestra en todo ello una aguda inteligencia. Pues sabe que sólo preservando el medio en el que habita, no disputándoselo a sus congéneres, logrará su supervivencia. Otros fueron incapaces de comprenderlo.


________________________________________
Comentarios

Es una de las frases más sensatas que he leido:
'Asociarse al caos, no enfrentarse a él'.
Como una rama que se une al viento o se quiebra y ya no puede ser árbol.

Comentado por Cayetano el 23 de Enero de 2003 a las 12:25 PM