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	<title type="text">Libro de Notas - Asombros y paralajes</title>
	<subtitle type="text">diario de los mejores contenidos de la red en español</subtitle>
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	<updated>2022-09-06T17:49:23Z</updated>
	<author>
		<name>Marcos Taracido</name>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2007-05-16T06:25:30Z</published>
		<updated>2007-05-16T06:25:30Z</updated>
		<title type="html">Presos de conciencia</title>
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		<category term="Filosofía" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Nuestras opiniones nos tienen, nos poseen, hacen de nuestros haceres, pensamientos. Los políticos, declaran, la prensa glosa y la nación completa aplaude o abuchea. Bastante menester en habérnoslas con nuestras propias opiniones para, además y sin gozura, desandar las ajenas.  Gloso a Huang Po: desconfía de los que piensas, no de lo que ves&#8230;</p>]]></content>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2007-05-09T06:11:02Z</published>
		<updated>2007-05-09T06:12:25Z</updated>
		<title type="html">Carácter es destino...</title>
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		<category term="Filosofía" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>No maduramos, imaginemos, sino, cuál insectos, incurrimos, digámoslo, en metamorfosis. Cuatro seres, entonces, a diferencia de la distraída esfinge, nos somos: niño, adolescente, adulto y viejo. Tropezamos, pues, con nosotros mismos, cuando dejamos de sernos quienes éramos. Y no siempre el consecuente es mejor que el antecedente, ni mucho menos. Algunos pocos, pocos en verdad, permanecen idénticos a sí mismos pese al torrente y a la falta total de hormonas diversas cuyos vaivenes nos cambian. Quizás por ello, quizás, Guy Davenport tradujo, como si Heráclito hubiese leído alguna vez a Novalis, ese fragmento tan conocido <em>Carácter es destino</em>...</p>]]></content>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2007-05-02T03:37:26Z</published>
		<updated>2007-05-02T03:37:26Z</updated>
		<title type="html">La paradoja de la terapia</title>
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		<category term="Filosofía" />
		<category term="Ciencia" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Si la infancia es destino, tamaño problema para casi toda terapia. No paramos mientes muy seguido en si aquellos avatares y sin razones y sinsabores y felicidades y alegrías de la infancia crean tales caminos neuronales que, pasados los años, es punto menos que imposible desandar y destruir las rutas por do nuestras emociones transitan y divagan. Da igual si queremos remendarlos por medios farmacológicos o verbales. Habida cuenta que el cambio de personalidad, digamos, sólo se logra mediante golpes bastante contusos o trepanación certera, ¿a dónde la terapia mental? Pues, si la infancia dejó huella imborrable, creó caminos neuronales fijos, nada los cambia y, si nos los dejó, no hace falta terapia.  </p>]]></content>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2007-01-31T05:42:16Z</published>
		<updated>2007-01-31T05:42:16Z</updated>
		<title type="html">La costumbre de los puertos</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Viajes" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Soy un pésimo viajero, el peor, quizás, de cuantos hayan alguna vez existido; por minucioso, pues me interesan los detalles, las cosas mínimas y nimias,  las minucias. Recuerdo una ventana con su protección de humilde árbol, el balde puesto frente a la puerta <em>falsa</em> de la catedral, la hiena del zoológico, la hoja verde junto al árbol, la gárgola <em>hipopotámica</em>, el azul o verde o gris o café del río, el alféizar de la ventana, la columna, el plinto vacío, la hoja de la palma enorme y corpulenta, la cola pequeña del elefante, los zapatos hermosos del aparador, la escultura junto al monumento, los pies únicos de aquella caminanta, las ovejas vistas desde el aire, las líneas de la carretera, la banca del parque, el santo alto y el marco labrado del cuadro. Recuerdo la lámpara y el cenicero, el sillón donde leí cierto libro, el tren donde olvidé otro. Al regresar, me entero, me dediqué a <em>nada</em>. No visité la ciudad, estuve <em>en ella</em>. </p>]]></content>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2007-01-24T04:42:15Z</published>
		<updated>2007-01-24T04:42:15Z</updated>
		<title type="html">Platónica</title>
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		<category term="Filosofía" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>La prosa fluye y es como el agua, sigue la senda tranquila de su cauce o revienta en las partes estrechas. Nos permite navegar o nos expulsa de su marcha o nos ahoga. La poesía, en cambio, es como el aire: respira, pulsa. En algunos pocos casos, el agua respira y late. Quizás, por ello, Platón no permitió a los poetas la entrada a su <em>República</em>. De hacerlo, ¿hubiese sido mejor en algo el mundo?</p>]]></content>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2007-01-17T09:34:57Z</published>
		<updated>2007-01-17T09:36:27Z</updated>
		<title type="html">El chocolate, el correo y el espionaje</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Libertad-de-expresion" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Recordé ha poco mi convicción infantil de que el chocolate llegaba a las casas por correo. No era tanto una ocurrencia mía del todo peregrina, sino la costumbre de cierto laboratorio médico de enviarle a mi padre, médico él, una caja mínima con muestra de un chocolate de sabor horrible <em>por vitaminado</em> y que se vende todavía. Recuerdo bien la iglesia del timbre, su color azul, de mar modesto, y el chocolate a escala. De entonces, descubro, me viene la fascinación por el correo y sus múltiples mensajes y sorpresas. Nunca hubiese nunca sospechado el espionaje en las casas de correo. Leo, entre incrédulo y sorprendido, un cierto documento donde el agente, descubierto ahora al paso de muchos años, informa de cierto incidente conocido durante su labor cotidiana de vigilancia en la oficina central de correos. ¿Cómo podría haber sido de otro modo? </p>]]></content>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2007-01-10T05:35:30Z</published>
		<updated>2007-01-10T05:37:15Z</updated>
		<title type="html">El beso</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Cultura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>De pronto, ser un beso, un beso serio y pequeño, pues los besos son buenos como merienda y distraídos como mariscos.  Que los besos son buenos por salibosos y olorosos a las personas. Ser un beso pequeño, recién bañado, pulcro como los niños al ir a la escuela, peinado de raya en medio, con un poco de limón, que en mis ayeres no existía el gel perfeccionista. Un beso pequeñito, como peca de fresa, como hueso de naranja, como semilla de sandía. Un beso portátil, que pueda llevarse a donde se quiera y sacarse a pasear y llevarse a tomar el sol por las mañanas. Un beso venturoso que diga a los demás su nombre y apellido tan pronto se lo inquieran. Un beso como de día a la hora del almuerzo. Un beso color hormiga, Un beso como de rayo. Un beso pequeño y tímido, gozoso de ponerse en un cachete. Un beso platicón, un beso observador, un beso solo, pues, de pronto&#8230;</p>]]></content>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2007-01-03T06:56:21Z</published>
		<updated>2007-01-03T06:57:51Z</updated>
		<title type="html">Manías simbólicas</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Filosofía" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Nuestra manía simbólica es, por enunciarlo decimononamente, dicha y quebranto. Cierto perro, llamémosle <em>Canario</em>, por mor del error fonético <em>contra</em> etimológico, vio infectada su pata trasera de tal modo siniestro que hubo de amputársela. Canario, pues, entró al quirófano completo y salió, dormido, en tres patas, acostado. Lo natural, imaginaba, sería la tristeza del perro ante la falta. Todo lo contrario, al despertar siguió su vida, no como si nada hubiera pasado, no, tan sólo dando los pasos sucesivos de sus tres patas. Simpleza de la carencia simbólica. Ninguna pregunta, ninguna duda, ninguna representación de nada: despertó con tres patas y con tres patas enfrenta la vida ahora, sin darle significado alguno a lo que, sabio él, no la tiene&#8230;</p>]]></content>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-12-27T06:26:18Z</published>
		<updated>2006-12-27T06:29:42Z</updated>
		<title type="html">El silencio</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Filosofía" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>¿Cómo guardar silencio por escrito? ¿Cómo señalar el silencio mediante marca tipográfica? Cuando en el inicio mismo de la lógica simbólica Frege, en su <em>Conceptografía</em> (perdonarán la <em>pedantería</em> de no citar en alemán el título), pergeñó el antinatural símbolo de afirmación, desechado fácilmente pues si escrito es afirmado; el lenguaje escrito, desde antes, decía, y dice, lo mismo. Si escribo, afirmo, excepto si dudo o exclamo.  ¿Y el silencio? Los puntos suspensivos muestran cuando quieren gestos, las onomatopeyas las muchas cáspitas y el resquemor y la ceja levantada y la mirada de soslayo, cuando quieren, pero nada, puede, bien a bien, representa el silencio mudo. Quizás, es cierto, el paréntesis vacío (                ), la nada abrazada en demasía&#8230;</p>]]></content>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-10-25T06:52:00Z</published>
		<updated>2006-10-25T06:52:00Z</updated>
		<title type="html">Los hábitos</title>
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		<category term="Filosofía" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>¿Cuándo nace un hábito? ¿ A los cuántos días, a las cuántas semanas, a los cuántos meses lo que hacemos es un hábito absoluto, más cierto que nosotros mismos? ¿Cuándo deja de serlo? ¿El primer día que ya no hacemos algo? ¿Cuando nos percatamos de que ya no lo hacemos? ¿Cuando alguien más nos lo menciona? </p>]]></content>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-10-11T05:36:06Z</published>
		<updated>2006-10-11T05:36:06Z</updated>
		<title type="html">Naturaleza natural</title>
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		<category term="Filosofía" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>¿Cuándo decidimos no ser parte de la naturaleza? ¿Cuándo lo humano dejó de ser natural y, por el contrario, comenzó a ser artificial, ficticio casi? ¿Cuándo lo natural se tornó bueno, saludable, justo incluso? Porque naturales son los terremotos, y las tormentas eléctricas, y la sífilis, y la tuberculosis, y las inundaciones y las neurotoxinas que, otros menos prejuiciosos que yo, llamaban ponzoña. También, desde luego, el <em>penicilum</em>. Y la penicilina, en este tenor, es tan natural como la ponzoña. Y también el alfabeto. Y la casa que habito. Y la poesía. Y el cine&#8230;</p>]]></content>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-09-27T07:32:45Z</published>
		<updated>2006-09-27T07:32:45Z</updated>
		<title type="html">Montón</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Filosofía" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>No sabemos, con exactitud, cuántos granos de arena, por mor de ejemplo, hacen un montón. Sabemos, o al menos lo creemos, que ante aquella agrupación de granos llamada por todos montón, un grano no le quita su característica <em>montonesca</em>. Luego, entonces, para todo montón ya hecho, quitarle un grano no lo convierte en cosa distinta a un montón. Si generalizamos el garlito, para todo montón, el montón menos un grano sigue siendo un montón, de lo que se sigue, válganos Gauss, que un grano solitario de arena es un montón y, ya apurados, ningún grano de arena es un montón. Hao Wang, muerto no ha demasiados años, prestó nombre a la paradoja anterior, si paradoja. </p>
	<p>O al revés. 10 humildes granos no hacen un montón. Si un grupo de granos no hace montón, el grupo más un grano más, tampoco hacen un montón. Luego, no existe montón ninguno&#8230;</p>
	<p>Un pensamiento solo, ¿qué hace?, ¿qué hace solo?...</p>]]></content>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-09-20T15:57:32Z</published>
		<updated>2006-09-20T15:57:32Z</updated>
		<title type="html">Sapiencia eterna</title>
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		<category term="Sociedad" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Cuando la tragedia nos desea hay poco por hacer, esperar tranquilo su hastío, quedarse quieto, mustio, pues como cazadora  voraz, ansía el movimiento y el miedo. No desea tanto nuestro infortunio cuanto ser causa plena del mismo, siempre igual, siempre distinto. Algunos dioses, ya otros menos paganos o más pragmáticos los nombran suerte o providencia o azar o misterio, algunos dioses, pues, confabulan en su contra y logra, lejana en su huida, darnos un golpe leve, mínimo. Se vuelve anécdota, en cuyo relato aparece cierta ambulancia, la sala de urgencias, la estancia hospitalaria, las tomografías, los médicos y los etcéteras plenos de un par de ladrones y un tropiezo y cierta amnesia. La tragedia, entonces, sonríe y nos deja su entera sapiencia, vivir se parece tanto a resolver un problema y tan poco a plantearlo.</p>]]></content>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-09-06T04:19:36Z</published>
		<updated>2006-09-06T04:19:36Z</updated>
		<title type="html">Adiós, Andorra la vieja</title>
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		<category term="Politica-internacional" />
		<category term="Cultura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Andorra fue el objeto de mis infantiles fantasías. Un principado europeo en cuya dimensión mínima las nociones de geografía de la primera escuela rondaron y evolucionaron hasta convertirse en una lejana y feliz añoranza. Nunca he puesto pie alguno, excepto por medio de la imaginación, en la querida Andorra. Me iré a vivir a Andorra, pensaba feliz, para morir tranquilo cuando en el futuro muy lejano me toque partir hacia la nada. Pero la realidad tiende a la ironía. No tengo planeado morir, al menos no en el presente año fiscal, pues me saldría carísimo, pero la dulce Andorra de mi niñez festiva se ha ido para siempre al no me olvides. Gordo militante y confeso, nunca he ocultado mis kilos ni mi gusto por tenerlos y eso, hasta donde puedo ver, es punto menos que de <em>pesa</em> humanidad para las andorreñas autoridades principescas. Ser gordo, pues, es impedimento para residir en mi Andorra mía. Quizás enflaque por la pena, pero lo dudo. Buscaré una nueva Andorra en otros lares, donde, gordo convicto, pueda apasentar mis días y mis kilos. </p>]]></content>
	</entry>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-08-16T10:06:45Z</published>
		<updated>2006-08-16T10:06:45Z</updated>
		<title type="html">¿Pruebas?</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>¿Podemos probar la existencia de algo a partir de lo harto sospechoso de su manifiesta inexistencia?</p>
	<p>¿Podemos estar ciertos de la inexistencia misma de esa inexistencia a partir de lo dicho sobre su inexistencia misma?</p>
	<p>¿No es sospechoso que todas las pruebas señalen su inexistencia, habida cuenta de que al no existir no deberíamos tener pruebas de su inexistencia?</p>
	<p>¿Y su no existir no es prueba clara de su existencia?</p>
	<p>¿Cómo probar que nadie ha probado nada sin terminar probando algo?</p>
	<p>¿Y no es sospechoso, precisamente, que las pruebas prueben aquello que pedíamos probaran?</p>
	<p>¿No es patente el arreglo de los datos para probar aquello que prueban?</p>
	<p>¿No es a todas luces cierto que, al no haber el mínimo dato que contradiga la otra hipótesis, se prueba lo falso de la prueba?</p>
	<p>¿No al probar lo que probamos probamos sólo lo que deseábamos probar pero no probábamos lo que deseábamos?</p>]]></content>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-07-26T11:18:00Z</published>
		<updated>2006-07-26T17:16:23Z</updated>
		<title type="html">Tiempos lectores</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Cultura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Distraído, desocupado, atento o, en el colmo, lampiño o barbado, los adjetivos puestos al lector en las arengas, invitaciones, reclamos y advertencias de tantos y tantos libros parecen morir en desuso. No hay ya tanto argumentos cuando propaganda, complicidades cuanto contratos. Amable o hipócrita lector, decían los clásicos, en espera y con la esperanza de llegar al otro, lugar pleno de la alteridad. Ahora, cerrados por melancolía aquellos lares, atestiguamos la transmutación: estimado cliente, parecen decir las líneas nuevas&#8230;</p>]]></content>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-07-20T05:17:21Z</published>
		<updated>2006-07-20T05:17:21Z</updated>
		<title type="html">¿Dónde, díganme, quedó mi martes?</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Cultura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Los minutos pasan tan lentos, las horas tan sucesivas y los días tan prestos que, hay veces, a veces, que se me pierde un día y no logró nunca hallarlo. Se me perdió el martes muy temprano, al alba, y me di cuenta, de perderlo, hasta el miércoles ya tarde cuando pulso estas líneas. ¿A dónde se fue el martes con sus promesas y su mediodía? ¿Cuándo llegó tan de repente el miércoles con su medianía certera? Lo peor y más extraño ¿dónde quedé quien fui ese martes que no existe ya y para el cual, parece, nunca existí? Porque el martes de noche escribo mis asombros y los mandó y envío, para el miércoles lector de aquellos lares, pero se me perdió el martes, tan de repente él, completo. Hoy miércoles pulso las teclas y no termino de saber, al enterarme de su desaparición, dónde quede y quedó el día.</p>
	<p>¿Dónde, díganme, quedó mi martes? ¿Alguien, ustedes, lo siquiera saben?</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-07-12T07:17:03Z</published>
		<updated>2006-07-12T07:17:03Z</updated>
		<title type="html">En punto de belleza</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Cultura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Visto ahora que todo es cuestión de opinión y de opiniona, que la realidad, cuando interesa, decepciona y cuando agrada, desmerece. Vista además la desmesura estacional de las cosas todas y la incipiente liviandad de lo demás en su aposento. Sabido, y sabida, la desmesura coloquial de la opinión parlante y el desuso vertebrado del parlamento dialogado. Hecho el inventario de lo no deseado y lista, y listo, la lista toda de lo por hacer tan poco, no resta ni suma sino decir lo obvio: con el suficiente tiempo, toda teoría se torna falsa, mera opinión u opiniona de quien, o quienes, o quienas, o asegunes, la sostienen y alimentan. Por todo ello y ella, renuncio desde ya a pensar en más teorías, las mediré en belleza, tan sólo, para el goce mío. En punto de belleza, pues, cual bulto bello.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-06-28T05:31:49Z</published>
		<updated>2006-06-28T05:31:49Z</updated>
		<title type="html">Máquinas ¿humanitarias?</title>
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		<category term="Tecnología" />
		<category term="Critica-social" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Ningún cajero automático de banco, ninguna máquina expendedora de café, ninguna máquina automática de fotografías ha sufrido nunca demanda alguna por discriminación o negligencia. Tratan de la misma manera, de ninguna manera, a todos quienes las utilizan. Que hasta las autoridades hacendarias, siempre y cuando se les trate por medio de programas diseñados para recaudar y dar asesoría, son la mar de amables. ¿Hemos entonces de disponer de máquinas cuando precisemos trato <em>humanitario</em>, <em>igualitario</em>? ¿Nada presuponen sus programas? Mejor dicho, ¿qué dan por sentado esos programas sencillos? ¿Qué precisa la máquina automática de fotografías para existir? Entorno, así de sencillo. La máquina no discrimina a quien sabe y tiene dinero para utilizarla, su trato es igualitaria porque discrimina <em>antes</em> del uso, no en el uso mismo. No le pregunta a nadie: ¿tienes dinero para pagar la fotografía?, sólo cuenta las monedas, con su adminículo presto y su programación orientada a objetos. Elimina la duda, objeto básico de cualquier programa: ceñir la duda y la anfibología a sendas transitables y repetibles. </p>
	<p>Lo mismo sucede en internet, pero se nos olvida&#8230;</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-06-21T05:30:36Z</published>
		<updated>2006-06-21T05:30:36Z</updated>
		<title type="html">La muerte de todos ¿tan temida?</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Miscelánea" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Sus ojos cabalgan lentos por estas letras mientras propongo un pensamiento: de cierto, si ha leído las letras anteriores, en cien años estará, estaremos, muertos, completa, absoluta, silenciosamente muertos. Lo interesante, también, es que para ese entonces no tendrá la menor importancia estar muerto. Será un recuerdo lejano de algunos nietos, si acaso tuvo hijos, o de sobrino nietos distraídos: sí, era bizco, o narizona, o dicen que leía libros en las tardes para pasar el rato. Y en doscientos años nadie que lo haya conocido, que haya tocado una mano suya, que haya degustado un beso suyo, nadie, en todo el universo, estará vivo si lo hubo conocido. Y en mil años nadie sabrá siquiera de su existencia. Mirar las cosas desde la perspectiva de la eternidad, quería Spinoza, para darles su dimensión cierta, clara, contundente. De cierto, en cien años todos, quienes pasamos los ojos por estas líneas, estaremos muertos. La duda es mucho menor, raquítica, no sabemos cuántos, pero de cierto algunos, pasarán a mejor muerte, o nula vida, cuando le ponga el punto final a la oración mía.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-06-14T07:53:00Z</published>
		<updated>2006-06-14T12:19:17Z</updated>
		<title type="html">Sueños sin interpretar</title>
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		<category term="Psicologia" />
		<category term="Cultura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Un sueño sin interpretar, nos dice el Talmud, es como una carta sin abrir. </p>
	<p>Desde nuestros primeros antepasados hasta Freud, hemos creído que los sueños son mensajes. De los dioses, de nuestro cuerpo, del futuro, del inconsciente&#8230;</p>
	<p>Una de las teorías más hermosas sobre los sueños es de una simpleza extraordinaria. Dice que como el órgano más elaborado de la humanidad es el cerebro y no hay manera de prepararlo, dentro del vientre materno, mediante estímulos externos, la evolución, tan previsora, nos dio los sueños. Sabiamente, el humano en formación sueña la mayor parte del tiempo para estimular sus neuronas y preparar el cerebro para sus funciones futuras. Y como ese programa de entrenamiento, por llamarlo así, no se puede desechar después de haberse usado, sigue con nosotros por toda nuestra vida, para nuestra perplejidad y sorpresa.</p>
	<p>¿Y si no significaran nada los sueños, como no significan nada las líneas de nuestras manos, o las trazas de las tazas de los cafés bebidos?</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-06-07T07:22:35Z</published>
		<updated>2006-06-07T07:22:35Z</updated>
		<title type="html">Cuerpo ajeno</title>
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		<category term="Miscelánea" />
		<category term="Filosofía" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>¿Cuándo mi cuerpo es mío? ¿Cuándo en donde habito me habito y soy yo mismo quien soy cuando me habito? ¿Cuándo, en verdad, el cuerpo, quien soy, es mío, yo mismo? </p>
	<p>¿Qué puedo hacer con el cuerpo mío? ¿De qué potestad soy pleno con mi cuerpo mío? Es ilegal venderlo en partes. Es ilegal, o muy mal visto, dejar que los extraños hagan con él lo que les plazca a cambio de dinero, es ilegal vender sus fluidos en gran parte de los estados planetarios. Si lo abandono, me abandono, en media calle lo levantan y lo llevan a los muchos refugios citadinos. Si lo lastimo con intención y con conciencia, lo llevan al hospital psiquiátrico a que vuelva a la senda de los pensamientos tranquilos. Si lo aniquilo, sólo si fallo me perdonan. A nadie puedo darlo ni en préstamo ni en delirio. No tengo potestad testamentaria sobre su física existencia ni puedo, con nombre y apellido, dejarlo pudrir a la intemperie vista. </p>
	<p>Entonces, ¿cómo es mío mi cuerpo? </p>
	<p>¿A quién en verdad le pertenece, y no lo ha dicho?</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-05-31T05:37:52Z</published>
		<updated>2006-05-31T05:37:52Z</updated>
		<title type="html">Farmacología cosmética</title>
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		<category term="Critica-social" />
		<category term="Ciencia" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Amanecemos híbridos, a veces, mitad melancólicos, mitad eufóricos, prestos a tomar el día para nosotros mismos o dejarnos llevar por alguien otro. Admitámoslo, al desgaire. No creamos ni provocamos con precisa eficiencia nuestros estados de ánimo. Ciertas combinaciones de acciones e infusiones, de pasiones y paseos pueden llevarnos, algunas veces, a la emoción que anhelamos, pero fracasamos casi siempre. Algunos corren, adictos a las endorfinas. Otros comen chocolates o escuchan a Mozart. Algunos más se sientan para aprender a respirar de tal manera que la manera en que respiran se vuelva provechosa para liberar esas endorfinas que tan bien le sientan a nuestro cerebro, tan estresado él, el pobre, por todo lo mucho diario sucedido. </p>
	<p>¿Qué sucederá cuando los comerciantes farmacólogos prometan estados de ánimo cosméticos y bajo patente y diseño? Combinaciones para las fiestas de compromiso, para las juntas de trabajo, para los viajes en avión, para la cita amorosa, para el velorio del amigo, para la reunión de ex alumnos, para impresionar en la primera cita&#8230;</p>
	<p>¿De quién serán entonces las emociones?</p>
	<p>¿De quién ahora los pensamientos?</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-05-24T06:16:00Z</published>
		<updated>2006-05-24T06:17:19Z</updated>
		<title type="html">¿Libros carnosos?</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Internet" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Las sendas de la red no son inescrutables, todo lo opuesto. Sabemos cómo llegan quienes llegan a donde nos interesa saber quiénes llegan, sabemos qué preguntan quienes nos interesa saber qué preguntan, sabemos de dónde vienen quienes llegan y a dónde van quienes parten y la serendipia es intensa y maravillosa, pero escasa, como todo lo milagroso.</p>
	<p>Las preguntas son obvias, las respuestas simples, las sendas rectas y tranquilas y la imaginación y la curiosidad inexistentes. Como en la vida, hay cada día más basura, no por arte de magia, sino porque cada día creamos más basura y consumimos más basura. Todo a cuento porque alguien, buscando, según su dicho, <em>nalgas carnosas</em>, llega a donde seguro no tenía interés en llegar.</p>
	<p>Y el problema es el exceso, como lo ha sido en los últimos cinco siglos la nueva tecnología de la reproducción mecánica de libros.</p>
	<p>¿Todos los libros? Imaginémoslo: todos los libros.</p>
	<p>La reproducción digital de los libros resuelve dos problemas añejos: el espacio y, por llamarlo así, el solipsismo de cada libro. Reunidos en espacios digitales amplios (cuyo espacio físico será, bien visto, milimétrico) con información cruzada y enlazada entre todos ellos.</p>
	<p>Imaginémoslo de nuevo: todos los libros. Y todos los lectores que los han leído, y sus dudas, y sus preguntas y sus comentarios.</p>
	<p>También y claro, sus perfiles de consumidores, sus gustos personales, sus preferencias, sus presupuestos, sus búsquedas, sus encuentros, sus películas preferidas, sus condimentos más deseados&#8230;</p>
	<p>No sé si es un sueño o una pesadilla&#8230;</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-05-17T05:56:00Z</published>
		<updated>2006-05-17T06:11:02Z</updated>
		<title type="html">¿Mejica?</title>
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		<category term="Critica-social" />
		<category term="Políticas nacionales" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Hace tiempo un editor español me refirió mediante el término <em>mejica</em>, <em>editor mejica</em>. Reclamé a quien nos había puesto en charla intermediaria, un agente literario, mismo que se lavó las manos. Al final, me dijo el agente, él no me había llamado <em>mejica</em> y, de hecho, tenía algunos amigos latinoamericanos a quienes no le gustaba que le dijeran <em>sudacas</em>.  Me felicité, desde luego, por no ser uno de sus amigos y agradecí el dato del distribuidor español a quien no permiten ahora participar en la feria del libro de Madrid por distribuir fondos de editoriales <em>no españolas</em>, según las razones dadas por Teodoro Sacristán, su director. </p>
	<p>Porque madrileña es la distribuidora y la feria está destinada en primer lugar a las librerías, distribuidoras y editoras madrileñas. En los estatutos nunca se menciona el origen geográfico de los libros como requisito de participación, sólo la ubicación geográfica del negocio como requisito importante, más no excluyente.</p>
	<p>¿Discriminación? ¿Falta de españolidad? ¿Demasiada <em>mejicanidad</em>? ¿Idiotez? ¿Chovinismo? ¿Maxmordonía? </p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-05-10T04:30:01Z</published>
		<updated>2006-05-10T04:30:01Z</updated>
		<title type="html">Tiniebla</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Lengua" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>A veces, sólo a veces, muy a veces, intento en vano recordar el tamaño, la forma, la extensión del mundo todo cuando en ese mundo habitaba, yo, analfabeto. Nunca he logrado recordar nada. Recuerdo momentos en que existo, estoy, y de cierto sé que las letras todavía no eran mi patria ni morada alguna de mi existencia. Pero en vano intento recordarme frente al texto cualquiera, simple, sencillo, mercadotécnico incluso, de los frascos y las latas y los envases, sin entender aquello que dicen y decían y han dicho por medio de sus letras. Recuerdo el gozo de mi madre cuando al desgaire leí el anuncio de quién sabe qué cosa al ir por la calle, y mi sonrisa y mi orgullo y la sapiencia cierta de ingresar a un reino del cual, nunca, nadie, podría ya expulsarme. </p>
	<p>En vano intento recordar cuando era analfabeto. Lo imagino, me imagino imaginarlo, intento incluso pretender fingir que no puedo leer lo que bien puedo, pero el recuerdo se escapa, se desvanece, como si quien fui cuando no era alfabeto hubiera desaparecido para siempre. Como si hubiera debido separar el cielo de la tierra, la luz de la tiniebla, y para hacerlo hubiera de sacrificar el reino silencioso, momentáneo, de quien sólo con la palabra dicha habita su existencia y renaciera en la palabra escrita, ésta, por cuyo sentido deslizo mi existencia.</p>
	<p>Nunca he pedido recordar ser analfabeta. Y a veces, sólo a veces, muy a veces, creo descifrar el sentido de no hacerlo, pero se escapa, se desvanece&#8230;</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-05-03T05:39:37Z</published>
		<updated>2006-05-03T05:39:37Z</updated>
		<title type="html">La obscura transparencia</title>
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		<id>tag:librodenotas.com,2006-05-03:77c262b7562572606450a68115f67ab6/7820de51528fc4b5db673ee91115ca00</id>
		<category term="Critica-social" />
		<category term="Derechos-Civiles" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>De todas las metáforas públicas, profundas, aquellas por las cuales guiamos nuestras acciones y ordenamos nuestros pensamientos, mismas que nos permiten situarnos en el pasado y en el futuro, metáforas a cuya sombra entendemos los procesos que vivimos e intentamos lograr aquello que deseamos como personas y también como grupos y sociedades; de todas esas metáforas profundas, decía, la transparencia es de las más recientes. Y, como toda innovación pública, engendra enemigos. Porque todas esas metáforas nuevas, extrañas, crean nuevas manera de percibir el mundo y, también, de situarnos y responder a él. </p>
	<p>No sé de cierto si su origen deba rastrearse a la arquitectura transparente defendida y difundida por los arquitectos alemanes como respuesta y contrapeso a los delirios y controles nazis, al ideal grandielocuente y masivo del Tercer Reich. Visible, accesible, claro y verificable son los conceptos que la rondan. Hacer transparente el edificio público, pensaban, transparentaría el estado, renovaría la confianza, en claro contraste a la cerrazón, mostrada en la fortaleza arquitectónica bélica, del autoritarismo anterior. No olvidemos que el nazismo fue, también, un delirio arquitectónico, una apuesta por la reconstrucción de la ciudad.</p>
	<p>La mayoría de los arquitectos apostaban, más bien, al retorno a las formas y proporciones clásicas para sanar mejor esa confianza herida, habida cuenta de que la mayor parte de quienes realizaban el trabajo en los distintos ministerios lo habían hecho en los ministerios nazis. </p>
	<p>El edificio del parlamento, con sus muros transparentes, fue, entonces, tanto una declaración del propio poder público por lograr sanar esa confianza, como una apuesta arquitectónica por hacer, del edificio público, un lugar del todo visible. Sirva el enunciado como planteamiento de una posible hipótesis. Nada más difícil que fechar el nacimiento de una metáfora y su desarrollo público.</p>
	<p>Recordemos ese invento extraño de los derechos humanos o la libertad prístina del individuo. Mucho siglos fueron necesarios para aceptar, como sociedad, por medio de las leyes, que la esclavitud no es natural y que todos, precisamente porque nacemos, somos libres, porque debiéramos serlo.</p>
	<p>Así con la transparencia. No deseamos, tan sólo, conocer los modos y maneras en que los gobernantes tuercen la ley y se enriquecen. Queremos, que de tan transparente, el gobierno sea limpio, condición indispensable para que el cristal no se perciba.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-04-26T06:53:06Z</published>
		<updated>2006-04-26T06:53:06Z</updated>
		<title type="html">El gozo de los emilios</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/asombrosyparalajes/8831/el-gozo-de-los-emilios" />
		<id>tag:librodenotas.com,2006-04-26:77c262b7562572606450a68115f67ab6/3755c32357d2590c12e8a1cc7076438a</id>
		<category term="Literatura" />
		<category term="Humor" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Por deber, por placer y por ociosidad recibo cada día más y más emilios. La correspondencia comercial de nuestro padres y abuelos ahora tiene el aire telegráficos de los emilios minimalistas. Propuestas, presupuestos, alarmas, dudas, solicitudes, exigencias, denuestos, vamos, lo normal en cualquier comunicación comercial. Mucho, también, de aquellos y aquellas queridos y queridas contándonos de sus juanetes, cuando los tienes, o de sus escaladas a picos enormes, o de su tristeza por las tardes de lluvia, nada sorprendente entre quienes se cuentan sus alegrías y sus cuitas. Ocioso, en verdad, pues tiendo a suscribirme a ciertas listas de correos de las que a veces entiendo poco o quiero entender más. Ninguna peor que las dedicadas a los afanes editoriales, pues escriben mucho, se pelean más, y nunca sabe uno de qué tratan, si de la edición o de las quejas.</p>
	<p>Describo apenas la mitad de los correos que recibo. La otra mitad es la variante extraña llamada <em>espam</em>. Contrario a casi todos, a mi me divierten e instruyen los <em>emilios espammódicos</em>. Pocas veces se entera uno de haber ganado cantidades generosas de dinero sin haber jugado a la lotería, aunque va a la baja la cantidad de emilios recibidos por ese motivo. Ofertan y ofrecen fármacos controlados y descontrolados, desde similares al Prozac, hasta viagras y variantes a precios no tan irrisorios pero sí, al menos, sin límite ni trámite alguno. Puesto en el asombro, la cantidad de medicinas y cirugías puestas al delirio de aumentar una o varias pulgadas nuestros irrisorios penes y a ensancharlos orgullosos para estar a tono con su nueva, si me permiten, envergadura. Junto con los datos científicos y comprobados, nunca citados,  de que el tamaño sí les importa a las damas y, sobre todo, que nadie puede tener la autoestima en buen estado sin el tamaño de su pene no es el justo y necesario, habida cuenta, imagino, que la autoestima se mide con el tamaño del tamaño del pene mismo. </p>
	<p>Llevo varios ofrecimientos matrimoniales de muchachas rusas dispuestas a todo, cuantimás a casarse, sin que no digamos lo haya pensado, ni siquiera imaginado. Me ofrecen visas para países a los cuales no es necesario solicitarlas, me aseguran que llenando mundanos sobres puedo convertirme en un magnate, tónicos para que no se me caiga el cabello de la cabeza y ungüentos para que se caiga de las piernas de las muchachas, métodos para bajar de peso sin dejar de comer como marrano, jugos de extraños frutos curadores de cuanta enfermedad haya existido en este planeta (300, según enumeró Plinio, pero como la humanidad avanza que da pavor, quizá es un dato caduco).</p>
	<p>Lo mejor, cierto residente en Namibia, o Nigeria, me cuenta una historia desgarradora y novelesca sobre su paso por esta tierra, en la persona de gerente de sucursal bancaria y que, ante los acontecimiento de su país, saber de cierto que cierto general, o coronel, o señor, o diplomático, dejó una cantidad generosa que fluctúa, imagino junto con el dólar, entre un millón a veinte millones de dólares, y que sólo me tengo que hacer pasar por hijo o nieto o primo o sobrino del susodicho para que él, experto en esas artes, organice el teatro y me den posesión del dinero. Así, sin más, me ofrece entre el 10 al 20 por ciento de esa herencia. </p>
	<p>Otros, variante de las anteriores, deben cambiar cantidades de dólares para obtener no sé qué fin extraño en favor de ellos o de la humanidad, y dan el cambio a precios irrisorios. El fraude nigeriano ya le llaman. Ganada la confianza, piden cantidades fuerte y desaparecen, claro está.</p>
	<p>Los más extraños, pues siempre provienen de personas a quien se les tiene cariño y se les otorga un grado de sensatez e inteligencia, de pronto mandan cadenas donde dicen que, de no mandar en el plazo de veinte segundo a diez personas distintas el susodicho correo todos los males, desde dolores de juanetes hasta muerte de personas desconocidas, cernirán su maldad sobre la persona. Antes eran con sobre y monedas, pero a nombre de san Judas Tadeo o el señor de Chalma.</p>
	<p>Acabo de recibir, hace unas horas, el más extraño de todos. Cierto abogado brasileño tiene la urgencia de informarme sobre procedimientos judiciales por aprobarse en las cámaras, lo que hará sencillo y expedito, según mi mal portugués, el cobre de créditos no termino bien a bien de saber si fiscales, bancarios o comerciales. Me insta, me invita, me conmina, a presentarme a sus oficinas o, mejor, a mandarle un emilio con todos mis datos para hacer un convenio y liquide mi deuda.</p>
	<p>No conozco, para mi desgracia, Brasil. El único amigo lo más cercano a brasileño es un filósofo checoslovaco avecindado en Campinas, centro delantero del equipo de futbol de la universidad, especialista en Kant y en el vodka, a quien tengo muchos años de no ver. Quizá alguna de las rusas casaderas se fue a vivir por aquellos lares y decidió que le debía dinero, imagino que le daré el mail del gerente del banco nigeriano, así podré resolver varios de los problemas propuestos a golpe de un solo emilio.</p>
	<p>Claro, olvidaba el mejor. La cereza en el pastel. Bill Gates anunció que si se reenvía un millón trescientas treinta y cuatro mil veces cierto emilio inane (que dice, precisamente, que Bill Gates anunció...) donará muchos miles de dólares para comprar cantidades industriales y obscenas de aceite para llantas de sillas de ruedas, o palillos para chimuelos, o muletillas para la mala prosa, o cualquier otra tontería&#8230; Y cuando recibo alguno, sé que vienen en alud, pero cuán divertido y educativo ver quién los envía. Como decían mis tías: ¿quién lo dijera?, ¡tan decente que se veía!</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-04-19T03:55:00Z</published>
		<updated>2006-04-19T05:54:54Z</updated>
		<title type="html">Lo nuevo inexorable</title>
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		<category term="Cultura" />
		<category term="Ciencia" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>Inexorable, parece, lo inexorable mismo, como si <em>fatum</em> gobernara en verdad lo que nos sucede, o la providencia, o el destino o las estrellas en sus caprichosas constelaciones. No hay cultura alguna sin ese sentido de lo inexorable, del futuro escrito de alguna manera en parte alguna y cuyos signos nos esforzamos por descifrar y entender. Lejos de liberarnos de esa idea arcana, hemos elegido un nuevo futuro escrito y hemos, como sociedad, dedicado grandes esfuerzos y recursos muchos a descifrar ese código que ahora nos cifra y descifra nuestro futuro: la genética.</p>
	<p>Buscamos a los nuevos oráculos para que nos digan si tales combinaciones misteriosas significan algo bueno o algo malo, sea en el maíz, en los marranos o en el tranquilo trigo de los panes. No digamos en los niños, a cuya genética encomendamos su futuro y a cuya buena herencia somos capaces de invertir esfuerzo y dinero. Nada más terrible que un veredicto genético, nada más horrendo.</p>
	<p>Y ese imaginario con sus dioses mayores y menores está en cada una de las discusiones sobre los medicamentos genéticos, los alimentos transgénicos, la terapia genética, los animales modificados para investigación, el amor, la poítica y la poesía. ¿Elegir el sexo del hijo? ¿Crear cultivos sin semillas para hacer la venta de semillas un gran negocio? ¿Plantas con genes implantados de otras especies para que generen sus propios insecticidas? ¿Bacterias con genes de arácnido para crear hilo de araña producido industrialmente? </p>
	<p>¿Alguien recuerda cuando la humilde y freudiana infancia era destino, ahora que el destino lo esculpen nuestro genes? </p>]]></content>
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		<author>
			<name>Alfredo Herrera Patiño</name>
		</author>
		<published>2006-04-12T05:17:00Z</published>
		<updated>2006-04-12T22:35:54Z</updated>
		<title type="html">El comercio con las palabras</title>
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		<category term="Literatura" />
		<category term="Arte" />
		<content type="html"><![CDATA[<p>El comercio con las palabras es como el de las enfermedades, mejora a los mejores y empeora a los peores. Escribir bien no significa, en modo alguno, ser buena persona. Tampoco mala, es cierto. Pero la poesía, si nos atenemos a esa forma mayor de la escritura, debe mejorar, piensan algunos, a quien la practica. Pero, en verdad, en la mayor parte de las civilizaciones ser poeta es lo más cercano a una condena, un destino, un llamado: una maldición, pues. Nuestra época, empero, padece poetas a quienes puede explicárseles vocacionalmente: no es llamado ni condena, es conveniencia. </p>
	<p>A lo mejor, como quieren los neurofisiólogos, los poetas no sean sino una subclase de quienes padecen (¿padecemos?) malformaciones cerebrales. Que ciertas estructuras neuronales no les funcionan como a los demás mortales y, por ello, atisban, ven, oyen, imaginan o sienten relaciones impensadas entre sentidos inconexos. Y, por ello, son elegidos, pero no salvos. La mejor imagen del poeta sigue siendo, para mí, la dada por Cortázar en <em>Carta a una señorita de París</em>. Inopinada, sorpresivamente, el poeta vomita uno de sus engendros (un conejito). A partir de ese momento su vida cambia y debe plantearse qué hacer, con él y con el conejito. Si en verdad la poesía no proviene sino de una malformación congénita o de un defecto genético (lo que ahora llaman capacidades diferentes) significa que no hay nada por hacer, se nace poeta o no, como se nace o no epiléptico o sinestésico o dibujante. Y así como las glorias del baloncesto nunca serán para los chaparros, hay muchos para quien todo su amor por la poesía siempre estará muy mal correspondido. Pero no adelantemos vísperas, no es que quienes padezcan un don mínimo para tal o cual actividad no deban practicarla. Todo lo contrario. Escribir es un acto mágico y por demás gratificante, escribir permite mostrarse, pues es imposible esconderse detrás de las palabras, permite vernos, calibrarnos, catarnos. Como dibujarnos en autorretrato. Pero esos rituales, tan perdidos ahora, no significan ser poetas o artistas, como jugar en algún parque no significa aspirar a jugar profesionalmente. </p>
	<p>Porque escribir sin remedio es una carga, y de esa carga pocas veces se sale bien librado. El gozo de la escritura radica en terminar, sólo en ese momento luminoso en que lo escrito ha dejado de ser problema. Pero la diferencia entre quien no tiene más remedio que escribir, el poeta, por seguir con nuestro ejemplo, y quien sólo desea reconocimiento, es enorme. Quizá de las peores y menos atendidas consecuencias de las tecnologías es la facilidad con la que se edita en estos días. Antes, al menos, los costos de hacer libros eran enormes. Pero desde la aparición de la imprenta hasta nuestros días cada vez es más barato y, hemos conseguido, enhoramala, editar millones de poemas prescindibles. Un impuesto, tal vez, desalentaría a los desalentables, a quienes escribir y publicar no es urgencia ni condena, sólo anécdota, la cual, huelga decir, nunca es cantada de manera buena. Por ello, decía, como las enfermedades, mejora a los mejores y empeora a los peores.</p>]]></content>
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