<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<feed xml:lang="es" xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom">
	<title type="text">Libro de Notas - Cartas desde Turquía</title>
	<subtitle type="text">diario de los mejores contenidos de la red en español</subtitle>
	<link rel="self" href="https://librodenotas.com/atom/?section=cartasdesdeturquia" />
	<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/" />
	<id>tag:librodenotas.com,2005:77c262b7562572606450a68115f67ab6/cartasdesdeturquia</id>
	<generator uri="https://textpattern.com/" version="4.8.7">Textpattern</generator>
	<updated>2022-09-06T17:49:23Z</updated>
	<author>
		<name>Marcos Taracido</name>
		<email>&#109;&#97;&#114;&#99;&#111;&#115;&#116;&#97;&#114;&#97;&#99;&#105;&#100;&#111;&#64;&#103;&#109;&#97;&#105;&#108;&#46;&#99;&#111;&#109;</email>
		<uri>https://librodenotas.com/</uri>
	</author>
	
	<entry>
		<author>
			<name>Andrés Mourenza</name>
		</author>
		<published>2009-08-14T09:35:47Z</published>
		<updated>2009-08-14T10:25:18Z</updated>
		<title type="html">En espera de la segunda parte de la diplomacia del fútbol</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cartasdesdeturquia/16615/en-espera-de-la-segunda-parte-de-la-diplomacia-del-futbol" />
		<id>tag:librodenotas.com,2009-08-14:77c262b7562572606450a68115f67ab6/cb21d2608d3c47d9611d23a069349c7d</id>
		<category term="Politica-internacional" />
		<category term="Deportes" />
		<content type="html"><![CDATA[<p><cite>Andrés Mourenza</cite><br />
Editor de <a href="http://noticiasdesdeturquia.blogspot.com/" title="blogspot">Noticias desde Turquía</a><br />
Ha publicado el libro electrónico <a href="http://www.rebelion.org/docs/86284.pdf" title="Rebelion.org">Transcaucasia Exprés</a></p>

	<p>Cuando sonó el silbato del árbitro, el pitido inicial del partido de fútbol que había sido definido como uno de los más importantes de los últimos años, yo aún andaba buscando un enchufe para mi ordenador. El cacharro es un viejo portátil, producto nacional a prueba de golpes pero de baja autonomía, así que no me quedaba otra que encontrar una toma de electricidad si quería informar sobre el encuentro entre Armenia y Turquía. La expectación era inmensa: unos 200 periodistas habían llegado hasta Ereván para escribir sobre el partido y las nuevas relaciones entre los dos países, pero en la tribuna de prensa del estadio Hrazdan, construido en 1972, no había más de diez enchufes y tampoco había suficientes sillas, pero ése obstáculo se podía superar con un poco de paciencia. Saqué mi cuaderno y, al viejo estilo, comencé a tomar apuntes.</p>

	<p>Quién sabe si fue casualidad, un plan urdido hasta el mínimo detalle o un guiño del destino, pero los bombos del sorteo de la <span class="caps">FIFA</span> cruzaron a las selecciones turca y armenia en la fase de clasificación del Mundial de Suráfrica 2010. Dos países sin relaciones diplomáticas desde la Guerra del Nagorno-Karabaj de 1993. Dos equipos que jamás se habían enfrentado a pesar de haber transcurrido diecisiete años de la proclamación de independencia de la República de Armenia de la <span class="caps">URSS</span>. “Dos pueblos cercanos, dos vecinos enfrentados”, en palabras del periodista turco de etnia armenia Hrant Dink, asesinado en 2007 por las balas traidoras del nacionalismo y la xenofobia. Allá estaban: en el palco, los dos presidentes dándose la mano; en el campo, un equipo frente al otro haciendo rodar la bola, dando una lección de civismo y reconciliación. No era la paz definitiva, pero sí un valiente paso hacia ella.</p>

	<p>Claro que no había sido fácil. Turquía fue uno de los primeros estados en reconocer la independencia de la República de Armenia tras su separación de la Unión Soviética en 1991, a pesar de la trágica historia que les precedía. En esos momentos, el viejo enemigo soviético había caído y lo que importaba en Ankara era lograr la mayor influencia posible en el Cáucaso y Asia Central antes de que el oso ruso despertase de su alcohólica hibernación yeltsiniana.</p>

	<p>Poco después estalló la tensión que venía gestándose desde finales de los años ochenta en el Nagorno-Karabaj, un enclave de mayoría armenia pero perteneciente a Azerbaiyán. Las nuevas repúblicas ex soviéticas se enfrentaron en una cruenta guerra que dejó más de 20.000 muertos. El nuevo ejército armenio invadió &mdash;y aún continúa ocupando&mdash; el Nagorno-Karabaj y las provincias adyacentes, lo que supone una quinta parte del territorio total de Azerbaiyán. Turquía, aliada de los azeríes, amenazó con atacar a Armenia si sus tanques no se retiraban, pero Rusia, aliada con los armenios, contraatacó con parecidas advertencias. Finalmente se llegó a un acuerdo de alto el fuego, una paz tensa que aún se mantiene. En represalia, tanto Azerbaiyán como Turquía congelaron sus relaciones diplomáticas y cerraron las fronteras, dejando a Armenia en un estrello callejón cuyas únicas y estrechas salidas son al sur Irán y al norte Georgia.</p>

	<p>En los años siguientes, se llevaron a cabo diversos intentos de retomar las relaciones &mdash;incluso uno de ellos liderado por el ultranacionalista turco Alparslan Turkes y el héroe de la independencia armenia, Levon Ter Petrosyan, también él nacionalista&mdash;, pero todos fueron infructuosos pues chocaron con la altivez identitaria de dos naciones orgullosas de su pasado y con dificultades para mirar hacia adelante, como si padeciesen una miopía política.</p>

	<p>Sin embargo, en 2008 todo había cambiado. Rusia había despertado de su letargo. Hacía negocios e incrementaba sus relaciones con Azerbaiyán y con Turquía, para mayor disgusto de los armenios, pero es que éstos, con una economía raquítica, poco tenían que ofrecer y mucho habían de cubrir con la ayuda rusa. Para colmo de males, en agosto, la irresponsabilidad del presidente georgiano, Mijeil Saakashvili, había desembocado en una guerra con Moscú: infraestructuras destrozadas, las frontera ruso-georgiana cerrada definitivamente&#8230; ¿Por dónde iban a llegar a hora los suministros rusos? Liana, una armenia de la capital, pasó varios días temerosa. A Yereván no llegaba el pan, ni la gasolina. Un diario de la oposición llegó ironizar arguyendo que, de seguir el bloqueo, los rusos deberían lanzar ayuda humanitaria desde sus aviones.</p>

	<p>La población armenia había aguantado con estoicismo la terrible miseria de los años noventa como una condición inevitable de la independencia (los relatos del periodista polaco Wojciech Jagielski son impagables para comprender esa época), pero ahora, tras varios años de ligero crecimiento económico, querían algo más. Los negocios de los grandes empresarios armenios demandaban una salida, necesitaban respirar, expandirse (por esa cacareada ley del capitalismo según la cual la empresa o el país que no crece, se hunde). Arsen Ghazarian era uno de esos empresarios. Había invertido mucho dinero en una línea de ferries para transportar sus productos desde Georgia a Rusia, sin contar con que las relaciones entre ambos países se habían de ir al carajo. Necesitaba otra salida. Por eso, este empresario de dientes de oro y sonrisa afable, presidía una de las pocas instituciones que durante muchos años sirvió de nexo entre Turquía y Armenia, el Consejo de Desarrollo Empresarial Turco-Armenio (<span class="caps">TABDC</span>), un grupo de negocios que apoya a los escasos empresarios que se aventuran a comerciar entre estos dos países (a través de Georgia, por supuesto) y presiona a los dos países para que arreglen sus disputas como estados civilizados y con la frontera abierta.</p>

	<p>De ahí que el presidente armenio Serj Sarkisian cursase una invitación a su homólogo turco, Abdullah Gül, para asistir al partido que iban a disputar las selecciones de fútbol de sus dos países y le animase a restablecer las relaciones diplomáticas. “Negociaremos sin condiciones previas”, dejó claro Sarkisian. Se refería, claro está, al espinoso asunto del genocidio armenio en 1915, que Turquía no reconoce como tal. Pero muchos armenios como Sarkisian estaban dispuestos a dejar aparcado el rencor en aras de una buenas relaciones de vecindad. La Diáspora Armenia puso el grito en el cielo contra cualquier concesión a los turcos, sí, pero ellos no tienen que soportar los cortes de agua y electricidad; ni vivir con menos de 10 euros al día.</p>

	<p>Abdullah Gül, un hombre abierto de miras a pesar de haber crecido en el conservador interior de Anatolia &mdash;o quizás por eso&mdash;, aceptó la invitación aunque no lo hizo hasta tres días antes del partido, pues en Turquía también berreaba la oposición nacionalista. El líder del segundo partido del país, Deniz Baykal, arremetió contra la visita y acusó a Gül de poco menos que de ser un traidor a la patria. Pero gente como el señor Baykal vive tranquilamente en Ankara, con sueldo de diputado, no en las provincias orientales como Kars, donde su invernal clima hace dura la supervivencia, la economía languidece y los jóvenes se marchan a las grandes ciudades en busca de trabajo, mientras permanece cerrada la frontera, allá enfrente, que podría ser una buena salida para los productos locales. (De hecho, uno de los primeros acuerdos con Armenia tras el deshielo del pasado año fue sobre la venta de energía eléctrica armenia a la provincia de Kars, más fácil de conectar al país vecino que a otras provincias turcas.)</p>

	<p>El presidente turco había aceptado la invitación a última hora. Así pués, un grupo de periodistas nos lanzamos a la aventura de llegar hasta Armenia para cubrir el partido. Los billetes de avión de la línea Estambul-Ereván, que parte dos veces por semana a pesar del bloqueo, se habían agotado y no quedaba otro remedio que entrar al Cáucaso por tierra y evitando la frontera turco-armenia, cerrada a cal y canto y custodiada por efectivos del ejército turco y del ruso: debíamos volar hasta Kars, desde allí alcanzar la frontera georgiana en minibús, alquilar un taxi para recorrer el sur de Georgia por los polvorientos caminos de Samtse-Javajeti (provincia de mayoría armenia), y desde la frontera entre Georgia y Armenia &mdash;que es apenas un cordón que un soldado georgiano se limita a desatar al paso de los vehículos&mdash; alcanzar finalmente Ereván. Fue un viaje duro y cansado, inútilmente largo a causa de las desavenencias nacionalistas: ciudades turcas como Kars e Igdir están a pocos kilómetros de Ereván, pero el bloqueo impide el viaje directo. Finalmente llegamos a nuestro destinos. Lo habíamos conseguido.</p>

	<p>Y allí estaba yo. Buscando un enchufe mientras el balón rodaba por el campo. En la grada de enfrente, un grupo de seguidores lucía una pancarta exigiendo a Turquía reconocer el genocidio armenio, pero también había gente como los miembros de la organización no gubernamental turca Genç Siviller (Jóvenes Civiles), que promueve la solución pacífica a los conflictos y la democratización de Turquía. Para ello, la noche anterior habían salido de fiesta con sus colegas armenios, se habían emborrachado y habían bailado hasta altas horas de la madrugada en un ambiente de sana tolerancia y confraternidad.</p>

	<p>Finalmente, un periodista del diario turco ‘Cumhuriyet’ se apiadó de mí y me ofreció su conexión. Envié mi artículo sobre las negociaciones políticas. Cuando terminé de escribir la otra crónica, la deportiva, estaban apagando los focos del estadio Hrazdan. Nadie quedaba en las gradas ni en el césped. Caminé entre la multitud buscando a mis compañeros; los seguidores caminaban cabizbaja por la derrota de su equipo, pero, en muchas casas, en muchos despachos, se sabía que el paso dado era tremendamente importante. En el campo sólo podía haber un vencedor, pero fuera de él ganaban todos.</p>

	<p>Casi un año después, la diplomacia ha hecho sus progresos en el contencioso entre Armenia y Azerbaiyán (las autoridades de Bakú temen que si intentan solucionar el conflicto por la fuerza les ocurra como a Georgia) y en las negociaciones entre Armenia y Turquía, mantenidas en secreto, las cosas marchan algo más despacio de lo esperado pero hacia adelante, sin duda. Ahora sólo faltaba esperar al partido de vuelta, el 14 de octubre de 2009.<br />
<br />
<br />

&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<br />
<div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1790.jpg" title="Transcaucásica Express" /></div> <em>“Transcaucasia Exprés es la historia de un viaje en pos del histórico partido de fútbol entre Armenia y Turquía que se disputó en Ereván el 6 de septiembre de 2008. Un encuentro que, con el trasfondo de la guerra que enfrentó a Georgia y Rusia en agosto de ese mismo año, cambió las relaciones de dos países enfrentados. Este libro es una mezcla de relato de viajes y reportaje periodístico que pretende acercar al lector a la vida y las intrigas de una región tan importante estratégicamente como es el Cáucaso”.</em> <a href="http://www.rebelion.org/docs/86284.pdf" title="Rebelion.org">Transcaucásica Express</a></p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/1790t.jpg" title="Transcaucásica Express" /></div>Cuando sonó el silbato del árbitro, el pitido inicial del partido de fútbol que había sido definido como uno de los más importantes de los últimos años, yo aún andaba buscando un enchufe para mi ordenador. El cacharro es un viejo portátil, producto nacional a prueba de golpes pero de baja autonomía, así que no me quedaba otra que encontrar una toma de electricidad si quería informar sobre el encuentro entre Armenia y Turquía. La expectación era inmensa: unos 200 periodistas habían llegado hasta Ereván para escribir sobre el partido y las nuevas relaciones entre los dos países.</p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Andrés Mourenza</name>
		</author>
		<published>2007-03-26T07:20:54Z</published>
		<updated>2007-03-29T18:05:25Z</updated>
		<title type="html">Este-Oeste: o el problema centro-periferia de Turquía</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cartasdesdeturquia/10415/este-oeste-o-el-problema-centro-periferia-de-turquia" />
		<id>tag:librodenotas.com,2007-01-19:77c262b7562572606450a68115f67ab6/9dec3eb111f86cc2303fc03f4a3c9d44</id>
		<category term="Sociedad" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><cite>Andrés Mourenza</cite><br />
Editor de <a href="http://noticiasdesdeturquia.blogspot.com/" title="blogspot">Noticias desde Turquía</a></p>

	<p>Vivo en la Calle de las Fresas de Árbol (_Agaç Çillegi Sokak_) que, como todas las calles, los nombres y los apellidos turcos, tienen siempre un  claro significado. Una vez me quedé con un extravagante nombre: La Calle Sin Salida del Hijo del Yogurtero Mayor (<em>Basyogurtçuoglu Çikmaz Sokagi</em>).</p>

	<p>A pesar de su florido nombre, la Calle de las Fresas de Árbol se encuentra en el barrio de Tepebasi. Uno de esos lugares, según la descripción de Orhan Pamuk en su libro <em>Estambul</em>, “por los que todavía vaga ese espíritu de blanco y negro (…). Las mañanas brumosas y cubiertas de humo, las noches de lluvia y viento, las bandadas de gaviotas instaladas en las cúpulas de las mezquitas, la contaminación del aire, las chimeneas de las estufas, que se alargan desde las casas a las calles como si fueran cañones de artillería que despiden un humo sucio, los contendores de basura oxidados, los descuidados parques, que en los días de invierno se quedan vacíos, y la prisa de la gente que regresa a sus casas las noches invernales entre el barro y la nieve”.</p>

	<p>La Calle de las Fresas de Árbol hace las veces de frontera. De una de esas fronteras borrosas tan típicas de Estambul y de Turquía en general, entre la pobreza extrema y la riqueza, entre la modernidad y la tradición. Colina arriba se halla la zona conocida como Taksim, cuya arteria principal &mdash;la avenida Istiklal&mdash; sembrada de tiendas de música, bares, salas de conciertos, galerías de arte, cines y restaurantes, no tiene nada que envidiar a los centros culturales y comerciales de cualquier otra ciudad europea.</p>

	<p>Sin embargo, cuando se desciende la colina, en dirección al barrio de Kasimpasa, uno se encuentra esa sensación de “blanco y negro” que describe Pamuk. La gente vive en antiguas casonas otomanas, ahora destartaladas y en edificios construidos por sus propios inquilinos. Muchos de ellos son emigrantes del interior de Anatolia.</p>

	<p>Hay quien dice que Estambul no es Turquía, pero eso no es del todo cierto. En Estambul están presentes todas las Turquías. Esto se debe a la extendida costumbre de los emigrantes rurales de traerse la Anatolia a cuestas. Durante decenios, la pobreza arrojó (y continua arrojando) a miles de turcos del campo a las ciudades, con sus canastos y sus gallos. Una ley tan curiosa como necesaria impidió durante muchos años derribar las casas cuyo tejado hubiese conseguido edificarse en una sola noche: de esta forma nacieron los <em>gecekondu</em>, que literalmente significa “establecido de noche” y que también existían en otros lugares del Mediterráneo, como en el sur de Italia.</p>

	<p>Tras colocar el tejado y asegurarse así su existencia legal, los habitantes iban remodelando su casa hasta convertirlas en pequeños edificios para toda la familia. Era la única forma que tenían los emigrantes pobres de conseguir una vivienda &mdash;a cuya construcción muchas veces ayudaban los vecinos&mdash; y no caer en la más absoluta miseria.</p>

	<p>Estos nuevos barrios, como los pueblos de origen de sus habitantes, se organizan en torno a una fuente o al colmado principal, donde los vecinos, en alpargatas y con sus trajes tradicionales de cada región, ventilan los rumores y escenifican todo el teatro de la vida social.</p>

	<p>De esta forma se reprodujeron en la ciudad los mismos esquemas de vida, las mismas relaciones sociales que en el campo. Lo cual es una forma bastante humana de sobrevivir a la modernidad y al choque cultural entre lo urbano y lo rural.</p>

	<p>El año pasado, cuando la plaga de la gripe aviar comenzó a extenderse por ciudades como Ankara y Estambul, y no sólo en las zonas rurales, los emigrantes anatolios se empeñaban en ocultar a las autoridades las aves de corral con las que conviven en sus casas. Uno de ellos decía en un diario turco que era como si le intentasen matar a su mascota, tan encariñado estaba con sus gallinas, cuyos huevos eran además una de las fuentes de supervivencia económica de la familia.</p>

	<p>En una conversación con dos arquitectos, surgió una interesante reflexión acerca de la naturaleza de Estambul: “Estambul no es un ciudad como tal, es algo así como una confederación de barrios”. Debido a las condiciones de vida de muchos turcos (largas jornadas de trabajo y sueldos miserables), la vida se reduce a la casa y el trabajo (formal e informal). Lo cual provoca que muchos ciudadanos hagan exclusivamente su vida en el barrio. Los días de fiesta nacional, cuando el transporte urbano es gratuito, los autobuses circulan repletos de estambulitas que visitan a sus familiares de otros barrios.</p>

	<p>Con la célebre frase de Bill Clinton se puede concluir que no existe un problema cultural entre Turquía y otros países europeos. “Es la economía, estúpido”. Como siempre, esta es la madre de todos los desastres: las diferencias económicas.</p>

	<p>Y esto nos lleva a un problema relacionado con la economía: las diferencias entre los diversos centros (económicos, culturales y de decisión) y las diferentes periferias. En el centro, compuesto por las grandes ciudades del oeste de Turquía, la elite estatal y burocrática, los grandes poderes económicos, fueron quienes tomaron durante muchos años las decisiones que afectaban a todo el país. También a aquellos campesinos, cada vez más empobrecidos (sobre todo en el este de Anatolia), que mantenían sus modos de vida tradicional en las zonas rurales y que luego, forzados a emigrar a las ciudades, se llevaron con ellos.</p>

	<p>El profesor Ahmet Davutoglu es el ideólogo del actual partido gobernante de la Justicia y el Desarrollo (<span class="caps">AKP</span>, en sus siglas en turco). Según Davutoglu “la principal tensión y la dialéctica de la política turca estaba entre el centro, representado por una elite burocrática que intentaba modernizar la sociedad, y la periferia, caracterizada por las zonas rurales compuestas de grupos más conservadores y tradicionales. El dilema entre el centro y la periferia continuó durante la mayor parte de  la historia política turca. En el centro la burocracia intentaba transformar la sociedad y en la periferia una sociedad con valores más tradicionales e islámicos intentaba penetrar en el sistema político”.</p>

	<p>La esencia del <span class="caps">AKP</span>, que en sus casi seis años de existencia ha conseguido llegar al gobierno, sigue siendo un misterio insondable para la mayor parte de la prensa europea. Calificado habitualmente de islamista, por sus raíces en un partido que sí lo era (el Refah de Necmettin Erbakan), los periodistas se olvidan muchas veces de que la realidad turca es mucho más complicada. Este partido, que en realidad se asemeja a los partidos democristianos, es quien ha intentado combinar ese centro modernizado de Turquía y la periferia tradicionalista.</p>

	<p>Sin ir más lejos, su actual líder y primer ministro, Recep Tayyip Erdogan es originario de uno de esos gecekondus: concretamente el de Kasimpasa, donde nació en 1954 y en cuyos campos municipales comenzó a jugar al fútbol. Sus adversarios electorales, con mala leche y un cierto punto de racismo, se encargan de recordárselo cada vez que se le escapa una expresión del tipo “Naber lan?” (¿Qué coño pasa contigo?). “No olvide que ahora es primer ministro y no un chico de barrio”, le espetó un político de la oposición el año pasado.</p>

	<p>Pero como sucede siempre, una cosa es la intención y otra la <em>realpolitik</em>. Las medidas económicas neoliberales del gobierno, con el apoyo de la Unión Europea, no parece que vayan muy encaminadas a solucionar los agudos problemas sociales de Turquía. Lo único que ha hecho Erdogan por sus antiguos vecinos es la construcción de un espectacular campo de fútbol para el Kasimpasa Spor, que tiene grandes posibilidades de ascender a la primera división de la liga turca. A escasos doscientos metros, los niños de la Calle de las Fresas de Árbol juegan al fútbol entre coches y cascotes.</p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Andrés Mourenza</name>
		</author>
		<published>2007-01-26T12:48:19Z</published>
		<updated>2007-01-26T15:17:49Z</updated>
		<title type="html">Hrant Dink: Intentaron matar a la convivencia, pero esta vez no pudieron</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cartasdesdeturquia/10471/hrant-dink-intentaron-matar-a-la-convivencia-pero-esta-vez-no-pudieron" />
		<id>tag:librodenotas.com,2007-01-26:77c262b7562572606450a68115f67ab6/f772ebc4065169050740012d57136b99</id>
		<category term="Medios-de-Comunicacion" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><cite>Andrés Mourenza</cite><br />
Periodista en Turquía y creador <a href="http://noticiasdesdeturquia.blogspot.com/" title="blogspot">Noticias desde Turquía</a></p>

	<p>Hrant Dink murió asesinado y con los zapatos rotos. Nalan Sakin, una periodista de Malatya, su ciudad natal, se pregunta: “¿Ustedes han visto alguna vez a un traidor con los zapatos rotos?”. Es cierto, los traidores siempre tienen mecenas, un traidor no muere con los zapatos rotos.<br />
Y sin embargo, algunos consideraban a Dink un traidor, algunos entre esos círculos que se dedican a envenenar la convivencia en Turquía. Ahora no, ahora, tras su muerte, todos se apresuran a alabarle: “era un patriota, un pacifista…”. “Pero, ¿dónde estabais antes?” grita con rabia uno de los compañeros de Dink en el diario Bir Gün. Selahattin, mi amigo y comentarista político, se queja de que en Turquía siempre se hable bien de las personas, pero sólo después de muertas. Me temo que en todos los lugares es igual. Cuando los valientes ya no pueden molestar más, son los cobardes los que hablan.<br />
Hrant Dink, periodista turco de origen armenio, intelectual, izquierdista, pacifista. Asesinado. </p>

	<p><strong>Hrant Dink: Turco de origen armenio</strong><br />
Empecemos por el principio. Hrant Dink pertenecía a la comunidad armenia que desde hace cientos de años viven en el territorio que ahora es la República de Turquía. Los armenios han vivido desde siempre en el territorio que va del Caúcaso a Oriente Medio y Anatolia y sus relaciones con el resto de habitantes de esas zonas: turcos, circasianos, kurdos, árabes, siríacos… han sido buenas durante la mayor parte de la historia. Las relaciones de la gente normal, me refiero. Los problemas siempre se han relacionado con la intervención de los grandes poderes: cruzadas, guerras santas, conquistas, reconquistas, capitulaciones, nacionalismos… Hasta llegar al drama del “genocidio armenio”: la matanza de cientos de miles de armenios a manos de tropas otomanas durante la Primera Guerra Mundial. Se puede discutir largo y tendido sobre si fue un genocidio (posición sostenida por los armenios) o si no hubo una intención expresa de acabar con la población armenia y se limitaron a eliminar la insurgencia nacionalista (posición sostenida pro los turcos). <br />
Es más SE <span class="caps">DEBE</span> discutir este tema, ya que ambas posturas poseen argumentos de peso. </p>

	<p><strong>Hrant Dink: Intelectual</strong><br />
Hrant Dink contribuyó a ese debate &mdash;un tabú aún en Turquía, pero también entre los armenios (véase la historia del profesor Stanford J. Shaw, quien tuvo que refugiarse en Turquía después de que un grupo radical nacionalista armenio colocase una bomba en su casa de <span class="caps">EEUU</span>)&mdash; y lamentablemente eso contribuyó a su muerte. Y lo peor de todo es que todo fue por una macabra malinterpretación, fruto de la ceguera nacionalista.<br />
El artículo que le llevó ante los tribunales turcos, y que provocaría un clima de linchamiento mediático que llevaría a su asesinato, iba precisamente dirigido contra la Diáspora Armenia y decía lo siguiente: “Los armenios, especialmente los de la diáspora, tienden a tener problemas con el rol del ‘otro’ que han jugado los turcos en la formación de la identidad armenia”. La referencia que incluía a “la sangre envenenada asociada con los turcos” provocó &mdash;como en otros célebres casos estos últimos años&mdahs; que uno de esos fiscales tremendamente conservadores y nacionalistas le acusase de “insulto a la identidad turca” bajo el polémico artículo 301 del Código Penal Turco.<br />
Fue el único de todos esos intelectuales juzgados que fue definitivamente condenado. Seis meses de cárcel que no serían ejecutados a menos que Dink repitiese el presunto delito. ¡¡¿Qué delito?!! Resultan estremecedoras las imágenes de un Dink al borde de las lágrimas intentando defenderse ante las cámaras. No porque un juez imbécil le hubiese condenado por algo que no había hecho, sino porque se pusiese en duda su integridad: “Yo soy un ciudadano turco &mdash;decía&mdash; siempre he vivido con los turcos y nunca he insultado a ninguno”.  </p>

	<p><strong>Hrant Dink: Izquierdista</strong><br />
De hecho, Hrant Dink era tan crítico con el nacionalismo armenio tanto como con el turco. Recriminaba a la diáspora y al gobierno de Armenia que se dedicasen sólo a criticar a Turquía, cuando el principal problema de los armenios es la pobreza. Era un tipo de izquierdas. Así lo reconoció también el patriarca armenio de Estambul, Mesrob II Mutafyan, el día de su muerte: “Teníamos puntos de vista diferentes, pero no se merecía ser asesinado”.<br />
Y por eso Hrant Dink tenía los zapatos rotos. Él no dejó Turquía, Estambul era su ciudad. Al contrario que otros escritores &mdash;Orhan Pamuk o Elif Safak, que prefieren vivir largas temporadas en EEUU&mdash; Dink nunca abandonó su país ni aceptó moldes a su personalidad libre. En un emotivo mensaje, su mujer y viuda, Rakel Dink dijo: “Nadie olvidará lo que has hecho o lo que has dicho. ¿Cómo se puede olvidar el miedo, la muerte, la vida? Te han separado de tus hijos, de tus amigos, de mi abrazo. Pero no han conseguido separarte de tu país”.</p>

	<p><strong>Hrant Dink: Pacifista</strong><br />
En la Turquía de hoy la mayoría de los armenios vive integrada en la sociedad, como cualquier otra persona. En la oficina en la que trabajo, una de las secretarias es armenia, uno de los contables judíos, hay musulmanes alevíes (chiís heterodoxos) y suníes, turcos y kurdos. No hay más rencillas que las que provoca el trabajo en común.<br />
Esa era la Turquía de Hrant Dink. La Turquía de la convivencia, la Turquía del semanario Agos &mdash;que dirigía Dink&mdash; y que se publica en turco y armenio.<br />
Por eso la bala que mató a Dink no sólo iba dirigida a él, sino a millones de personas. Al frágil cemento que une a todos los habitantes de Turquía por encima de culturas, lenguas y religiones. Hrant Dink ya se lo temía: “Intentarán ponerme en medio antes de las elecciones presidenciales”, le confesó a su abogado Erdal Dogan. </p>

	<p><strong>Hrant Dink: Asesinado</strong><br />
Este crimen es fruto del clima de crispación que ha alcanzado la política turca en los últimos 20 meses. Con una oposición que, a pesar de ser de centroizquierda, ha asimilado las posturas más nacionalistas de la ultraderecha a fin de derribar al gobierno conservador de Recep Tayyip Erdogan e impedir que éste acceda a la presidencia. Como respuesta, el gobierno de Erdogan también ha virado hacia posiciones más nacionalistas para no quedarse fuera de la captura de votos. Las alusiones a la ruptura de la unidad de la patria,  a los enemigos exteriores e interiores… no han hecho sino crear el caldo de cultivo para que los ultras nacionalistas se desarrollasen. Quizás en España alguien debiera comenzar a tomar nota de ello.<br />
El gatillo lo apretó un adolescente, ahora detenido y confeso. Pero hay alguien más detrás del crimen. Unas “negras manos” que están empeñadas en que Turquía no prospere. Los turcos &mdash;es decir los habitantes de Turquía&mdash; lo dicen así: “Cuando parece que todo va bien en Turquía, siempre sucede algo que acaba con esa estabilidad”. Se sospecha que es el “derin devlet” (estado profundo), esas conexiones entre mafia, ultraderecha y parte de las fuerzas de seguridad. Ya se sabe que hay quien pesca mejor en aguas revueltas.<br />
Sabahattin Ali, Abdullah Ipekçi, Ugur Mumcu, Hrant Dink… son demasiados los periodistas e intelectuales muertos por esas manos oscuras. Pero esta vez la sociedad turca ha dicho “basta”. La respuesta masiva a la movilización en el entierro de Hrant Dink demuestra el hartazgo de los turcos ante las amenazas a la convivencia. “Todos somos Hrant Dink, todos somos armenios”, gritaron doscientas mil personas de todos los pueblos y culturas de Turquía. Esta vez no podrán. </p>]]></content>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Peré Juliá</name>
		</author>
		<published>2006-03-17T07:00:00Z</published>
		<updated>2006-03-30T10:28:08Z</updated>
		<title type="html">«Arkadaşlarım» (Mis amigos)</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/cartasdesdeturquia/8575/arkadalarim-mis-amigos" />
		<id>tag:librodenotas.com,2006-03-15:77c262b7562572606450a68115f67ab6/c67d81a636dc9cc4e4563a73fdab0b53</id>
		<category term="Sociedad" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><cite>Peré Juliá<br />
editor de <a href="http://analesdeturquia.blogspot.com/" title="bitácora">Crónicas Otomanas</a></cite></p>
	<p>Turquía…puente entre continentes…cuna de civilizaciones e imperios gloriosos…este país en el que me hallo, por su encrucijada geográfica, su cultura y su folclore sinceramente me fascina…observar los rostros de la gente cuando cruzas el Bósforo viajando en barco camino del lado europeo de la ciudad es una de mis pasiones secretas… intentar adivinar a qué se dedican, adónde van, de dónde son originarios…y esta última es la pregunta que más me atrae…ya que Turquía es un país heterogéneo desde el punto de vista étnico, en la que cohabitan diversas comunidades de culturas y lenguas diferentes.<br />
En la Tracia turca europea y en la ciudad de Estambul, por ejemplo, habitan pueblos como los albaneses, armenios, bosnios, búlgaros, gitanos, griegos y sefardíes, judíos de origen español expulsados por los Reyes Católicos en 1492 y acogidos por el Sultán Beyazit II y que todavía hoy en día siguen empleando el castellano, evolucionado del castellano del S. XV en lo que se conoce hoy en día como judeoespañol o <em>ladino</em> &mdash;y con quienes, en ocasiones, tengo agradables conversaciones en la zona de Galata&mdash;. En la Turquía asiática, la vasta península de Anatolia, es aún más amplia la diversidad de pueblos y culturas, representación de abjasos, chechenos, circasianos, azeríes, armenios, georgianos, kabardianos, kazajos, kirguizos, kurdos (la etnia más amplia), lazes, osetianos, shikakos, tártaros crimeanos, siríacos, iraquíes, turcomanos, uygur, uzbecos y zazas. Y si nos centramos en el aspecto religioso la mayoría de la población turca es musulmana <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sunn" title="wikiedia">sunní</a> (80%), los alevíes (una de las ramas del Islam) (kurdos y zazas en su mayor parte) representan el 20%. El resto, (2%) son <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cristiano" title="wikipedia">cristianos</a>, judíos, y demás confesiones. Los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ateo" title="wikièdia">ateos</a> o agnósticos no aparecen en las estadísticas y por eso se cuentan dentro de la población musulmana. Todos con pasaporte turco, en su inmensa mayoría orgullosos de ser turcos, pero que a su vez no olvidan sus orígenes.</p>
	<p>Materia ardua o empresa imposible reconocer todas estas etnias en los rostros de los habitantes de esta gran megalópolis de 12 millones de habitantes que es Estambul cuando se viaja por ella pero que con el tiempo puede servir para pasar las aburridas horas de denso trafico en la ciudad…A colación del complejo sistema multiétnico de Turquía, lo que, sin duda alguna, deberíamos realizar es alabar la política de los <em>millet</em> (nación), llevada a cabo por los sultanes y sus paşa o visires, estadistas al servicio de la Sublime Puerta, una política de la tolerancia por antonomasia y que durante siglos ha permitido que convivieran en paz y fraternidad a todo este numerosa grupo de pueblos, culturas y etnias anteriormente citados, en un extenso territorio y con un denominador común: la lengua turca y la ciudadanía otomana.<br />
La aparición de los nacionalismos y los intereses colonialistas de las potencias europeas quebraron este frágil equilibrio y problemas como el conflicto de Oriente Medio o la trágica suerte del pueblo kurdo tiene su base en la destrucción de dicho equilibrio dentro del Imperio Otomano, que en aquella época regía sobre dichos puntos calientes del planeta en estos días que corren.</p>
	<p>Quizás con un  ejemplo personal se puede llegar a entender el asunto que pretendo explicar hoy aquí. A mi llegada a Turquía tuve la inmensa suerte de conocer a tres personas que han influido enormemente en mi vida, tres amigos que siempre consideraré mis <em>abiler</em> (plural de <em>abi</em> &mdash;apócope de <em>Ağabey</em>&mdash;, que significa hermano mayor, un termino que es empleado profusamente en la lengua turca tanto para referirse al hermano mayor como a un amigo intimo de toda la vida o  por el contrario cualquier persona desconocida de sexo masculino con la que entablemos conversación en la calle y nos queremos referir a ella).</p>
	<p>Tres amigos que en el considerable tiempo que llevo viviendo en la ciudad de Estambul apenas han coincidido entre si y no porque las ocasiones hubiesen sido escasas. Simplemente no se pueden ver entre si, y no es que se odien pero se podría decir que si permanecen juntos el ambiente se enrarece considerablemente. Nuestras respectivas esposas o parejas (amigas intimas desde los tiempos de la facultad) son el nexo de unión de las pocas veces que nos hemos reunido los cuatro, la firme razón de permanecer apenas cinco minutos mirándose entre si, Özgür mirando a Çetin, Çetin mirando a Zeki y este mirando a Özgür hasta que uno de ellos se levanta y se encamina hacia la puerta de la casa para marcharse. Muchos os preguntareis que recónditos motivos mueven a estas tres personas a actuar de dicha manera, algo arduo que intentó narrar en esta epístola con la que pretende mostrar la identidad étnica y social del pueblo turco y que tiene su raíz en el carácter, la personalidad y en el origen familiar de cada uno de ellos. </p>
	<p>Çetin, mi estimado <em>abi</em>, trabaja en el Gran Bazar como joyero. Su familia procede de Adapazarı y a su vez son originarios de Abjasia, en el Caucaso (de donde sus antepasados llegaron siglos atrás). Su tez blanca, ojos azules y pelo azabache así como su mirada penetrante y esa manifiesta seguridad en si mismo denotan en él sus orígenes, un pueblo el abjazo que fue cuna de excelentes soldados para las tropas otomanas. Y es un musulmán practicante, devoto de sus tradiciones que siempre está dispuesto a explicarte las características de la religión islámica sin molestarse en absoluto.</p>
	<p>Özgür, mi añorado camarada, es un joven pintor que en estos momentos se halla en Madrid tras haber terminando su master en Bellas Artes por la Universidad Complutense. Cuando se hallaba en Estambul tenía su propio taller y daba clases de dibujo. Su familia procede de Kars, su padre es un maestro jubilado apasionado de la fotografía y su madre un ama de casa de origen kurdo que emigraron a Estambul en la masiva migración que se viene dando desde la década de los cincuenta desde la Anatolia a las ciudades principales del país. Su larga melena y su aspecto bohemio reflejan la carrera que ha escogido, sin ser, todo hay que decirlo, un pintor bohemio pero si un pintor comprometido con los más desfavorecidos, pues no en vano es un comunista de pro, un agnóstico como miles de jóvenes que bien podrían pasar por cierto sector de nuestra juventud en España. </p>
	<p>Zeki, mi querido compañero, es una de esas personas con las que uno puede hablar sin tapujos de cualquier asunto, alguien que (como Özgür) es un hombre de mundo habiendo viajado a Australia. Republicano de pro y orgulloso del progreso que Turquía está llevando a cabo desde la proclamación de la república gracias a la siempre presente figura de Mustafa Kemal Atatürk y al kemalismo, considera que el laicismo, la separación del estado y la religión ha permitido a Turquía empezar a alcanzar posiciones. Él, tal y como Çetin, es originario del Caucaso &mdash;siglos atrás durante el Imperio Otomano su familia emigró desde allí &mdash;, concretamente de Georgia, si de Georgia&#8230;la antigua República Socialista Soviética que en <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/1991" title="wikipedia">1991</a> se independizó e integró en su territorio la república independiente de Abjasia. La misma zona geográfica en la que choques étnicos entre georgianos y abjasos desembocaron en una guerra &laquo;olvidada&raquo; que se desarrolló entre 1992 y 1994, fecha desde la cual Abjasia ha permanecido <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/De_facto" title="wikipedia">de facto</a> como un estado independiente sin reconocimiento… </p>
	<p>Así pues, mis estimados lectores, tienen aquí la solución al entuerto&mdash;la desconocida razón del recelo entre mis tres amigos. Zeki &mdash;originario de Georgia, agnóstico y republicano&mdash;, y Çetin &mdash;raíces abjasas y persona creyente de tendencia política islámica conservadora (a la usanza de los democristianos europeos)&mdash; no son más que la viva imagen de la dualidad religión-laicismo presente en la población turca así como la gran diversidad de etnias y pueblos que viven en el estado turco&mdash;que en ocasiones puede propiciar un nacionalismo exacerbado&mdash;, remanente de lo que fueron en el pasado los territorios pertenecientes al Imperio Otomano &mdash;o prefieren definir los historiadores turcos, por la connotación de la palabra imperio, Estado Otomano (_Osmanlı Devleti_)&mdash;. Özgür, mi tercer amigo, originario de Kars y de madre kurda se podría encuadrar entre la dualidad religiosa-laica de Çetin y Zeki, puesto que siendo un agnóstico y una persona nada conservadora asimismo tampoco comulga con los principios kemalistas establecidos por el fundador de la moderna República de Turquía, Atatürk, no es un &laquo;antisistema&raquo; en el sentido estricto de la palabra aunque se muestra disconforme con la política actual turca&#8230;La desconfianza entre los tres, la cual me entristece, no es sino el vivo reflejo de los nacionalismos exacerbados y los enfrentamientos políticos de épocas recientes, que en los tiempos que corren no son nada aconsejables, bien lo sabemos en España&#8230;y menos aún en Turquía. Quizás el ejemplo histórico y la experiencia de los <em>Millet</em>, la política tolerante otomana ante cualquier tipo de etnia, pueblo o religión, sea de provecho en un futuro dado…</p>]]></content>
	</entry>
</feed>