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	<title type="text">Libro de Notas - De cuerpo entero</title>
	<subtitle type="text">diario de los mejores contenidos de la red en español</subtitle>
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	<updated>2022-09-06T17:49:23Z</updated>
	<author>
		<name>Marcos Taracido</name>
		<email>&#109;&#97;&#114;&#99;&#111;&#115;&#116;&#97;&#114;&#97;&#99;&#105;&#100;&#111;&#64;&#103;&#109;&#97;&#105;&#108;&#46;&#99;&#111;&#109;</email>
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	<entry>
		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2013-12-20T02:00:00Z</published>
		<updated>2013-12-19T14:00:39Z</updated>
		<title type="html">El milímetro</title>
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		<category term="Literatura" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p><em>Para Marcos Taracido, de cuerpo entero</em></p>

	<p><img src="https://librodenotas.com/images/4007.jpg" title="El milímetro" /></p>

	<p>No es que la lluvia no moje como cuando eras un niño, o que el amarillo líquido de los ginkgos no lastime tu mirada o que el roce de la persona amada no te frene la respiración o que al pisar las hojas en el parque no sientas cómo cruje el otoño en tu esqueleto. La lluvia humedece los cristales, la rama del árbol se arquea con el peso de tanta luz y te sabes de memoria el cuerpo que amas. En tardes como estas recuerdas que te falta un milímetro para ser el dueño total. Todavía te pierdes en el parque y sientes escalofríos al no encontrar la salida. Es la vida que te roba ángulos, olores, sabores, perfiles, amores, entradas y salidas. Llueve y anochece: qué fácil es decirlo y que difícil es entenderlo. Me traes una taza de té caliente y humeante oliendo a canela, a miel y a otoño y la lluvia arrecia y uno de los viejos cuartetos de Haydn parece que está recién compuesto como lo está la noche. Tienes miedo de ser tan feliz y temes hacer ruido y despertar a la que duerme. Cómo quisiera saber el milímetro que me falta para no temer a nada ni a nadie. Para ser el dueño de tu universo.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><div class="fotoldn"><img src="https://librodenotas.com/images/4007t.jpg" title="El milímetro" /></div>No es que la lluvia no moje como cuando eras un niño, o que el amarillo líquido de los ginkgos no lastime tu mirada o que el roce de la persona amada no te frene la respiración o que al pisar las hojas en el parque no sientas cómo cruje el otoño en tu esqueleto. La lluvia humedece los cristales, la rama del árbol se arquea con el peso de tanta luz y te sabes de memoria el cuerpo que amas.</p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2006-07-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-06-07T04:21:02Z</updated>
		<title type="html">Fuego frío</title>
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		<category term="Arte" />
		
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width:500px"> <img src="https://librodenotas.com/images/298.jpg" title="Fuego frío" alt="Fuego frío" /><br />
Uno de ellos piensa que la verdad de este frío en el rostro de la casa y entre las esquinas de sus cuerpos no es porque sea invierno sino porque los dos se están haciendo viejos. Pero el otro sabe con certeza que un fuego misterioso arde hace ya treinta y cinco inviernos en el lecho nevado y no se extingue. La cal fría de la vida y la arena caliente del amor.<br />
</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/298t.jpg" title="Fuego frío" alt="Fuego frío" /></p>]]></summary>
	</entry>
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		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2006-06-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-05-30T12:39:40Z</updated>
		<title type="html">Era como desnudarse</title>
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		<category term="Arte" />
		<category term="Moral-y-Religion" />
		<content type="html"><![CDATA[<p><p align="justify" style="width:500px"> <img src="https://librodenotas.com/images/297.jpg" title="Era como desnudarse" alt="Era como desnudarse" /><br />
¿15.000 veces? </p>
	<p>Era como desnudarse. El confesor revestido de sotana, roquete y estola morada, agazapado en la oscuridad del confesionario, esperaba acechante al pecador. Las mujeres tras la rejilla, los hombres cara a cara. </p>
	<p>&mdash;He cometido actos impuros.</p>
	<p>&mdash;¿Cuántas veces, hijo mío? ¿Solo? ¿Acompañado? ¿Cómo fue?</p>
	<p>Dentro de la boca de lobo olía a tabaco, a humedad, a oscuridad pecaminosa. Fuera en la nave a incienso, a cera rendida, a devocionario cansando. Por la vidriera entraba una luz dolorosa como un árbol seco. Una virgen lloraba desconsolada. </p>
	<p>&mdash;<em>Ego te absolvo a peccatis tuis in nomine Patris et Filio et Spiritus Sancti&#8230;</em></p>
	<p>Viendo la mano que te perdonaba, te sentías vestido y volvías de nuevo, entre ruidos hambrientos y sombras vigilantes, a buscar otro cuerpo que te desnudaría torpemente, arañándote el corazón. ¡Cómo te pesaba el olor a tabaco entre tus labios a volver a tu casa! Noche oscura del beso.<br />
</p></p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/297t.jpg" title="Era como desnudarse" alt="Era como desnudarse" /></p>]]></summary>
	</entry>
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		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2006-05-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-04-11T06:16:04Z</updated>
		<title type="html">(algunos) nombres propios y lugares de terror</title>
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		<category term="Derechos-Humanos" />
		<category term="Arte" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width:500px"> <img src="https://librodenotas.com/images/260.jpg" title="[algunos] nombres propios y lugares de terror" alt="[algunos] nombres propios y lugares de terror" /> <br />
<p align="center"><br />
guernica, <br />
paracuellos del jarama, <br />
treblinka, <br />
numancia, <br />
twin towerss, <br />
guantánamo, <br />
las fosas de monjuich, <br />
el alcázar de toledo,<br />
el caballo de troya, <br />
la junta militar,<br />
la inquisición,<br />
abu ghraib, <br />
los calabozos de la dirección de seguridad, <br />
11 de marzo, <br />
la guillotina,<br />
el dos de mayo, <br />
el santuario de nuestra señora de la cabeza<br />
CALVO SOTELO, <br />
CARRILLO,<br />
FRANCO,<br />
MACIÁ, <br />
STALIN,<br />
ZAPATERO,<br />
PIO XII,<br />
PINOCHET,<br />
HITLER,<br />
CASTRO,<br />
GRIMAU, <br />
TORQUEMADA,<br />
BUSH<br />
ROBESPIERRE,<br />
MOSCARDO,<br />
ATOCHA,<br />
AZNAR.<br />
</p><br />
</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/260t.jpg" title="(algunos) nombres propios y lugares de terror" alt="(algunos) nombres propios y lugares de terror" /></p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2006-04-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-04-07T07:15:41Z</updated>
		<title type="html">Sabor a metralla</title>
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		<category term="Arte" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width:500px"> <img src="https://librodenotas.com/images/252.jpg" title="Sabor a metralla" alt="Sabor a metralla" /><br />
<em>Dibujo dedicado a Cris</em><br />
<br />

Mi madre me confunde con mi padre que murió hace tres años. Oigo su voz cargada de saliva y de plomo mientras me va diciendo: “Aquí ya es tarde, la noche es negra y en el espejo hay sombras que brillan y me ciegan”. Me habla de su madre que enterraba, entre la ropa blanca, la madera olorosa del membrillo. Se le llena la voz del tacto de septiembre y me escuece la boca cargada del verdor agridulce de la fruta prohibida que, cuando yo era niño, me comía a escondidas y me dejó en la lengua un sabor a metralla.<br />
</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/252t.jpg" title="Sabor a metralla" alt="Sabor a metralla" /></p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2006-03-07T06:07:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:49:43Z</updated>
		<title type="html">El verdadero amor</title>
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		<category term="Arte" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width:500px"> <img src="https://librodenotas.com/images/248.jpg" title="El verdadero amor" alt="El verdadero amor" /><br />
Cuando era joven, los ojos encendidos, la piel en primavera, la palabra abrasada, decía medio en broma, mientras cambiaba los pañales a algunos de sus hijos: “Cuando sea viejecita, después de toda la guerra que me habéis dado, me llevaréis al asilo. Lo sé.”En otras ocasiones, sin embargo, les preguntaba: “Si un día fuerais por una calle y vierais que un malhechor me atacaba, ¿qué haríais?”. “Te defenderíamos”, contestaban. “En esto &mdash;decía feliz y orgullosa&mdash; se ve la fuerza de la sangre”. <br />
Pasaron los años, sus ojos se fundieron como se derrite la nieve al encontrase con el sol, el lujo de su pelo se marchitó, el esplendor de su piel palideció, la gracia de su palabra se llenó de silencios, el teatro de sus gestos se encarceló de sombras, su cuerpo se quedó inmóvil como un árbol atravesado por una flecha venenosa, como un pájaro con las alas de seda, un río con las orillas llenas de ortigas, una hoguera de cieno.  <br />
De los ocho hijos que tuvo, dos hijas quedaron a su lado. Y aunque casi todos la visitaban a diario, eran ellas las que la cuidaban y le hablaban como si las escuchara; le hablaban de todo, ocultándole, porque estaban seguras de que lo entendería, la muerte de algún familiar o conocido; la peinaban con cuidado de no tirarle del pelo, la maquillaban poco, recordando que nunca le gustó el maquillaje; la arreglaban como si fueran a ir de fiesta, a veces la llevaban a misa, le compraban melocotones, helados, le daban un poco de anís, que eran cosas que a ella le gustaba; le acariciaban las manos con la seguridad de que sentirían su calor, y aunque era una muñeca de trapo con la cabeza llena de alfileres, una ruina gloriosa, sabían que, a través de la fuerza silenciosa de la sangre, les respondía con el idioma del corazón. La familia entera la cuidaba con amor y ternura y la defendían, como ella hubiera querido, del agresor que, impunemente y a diario, le iba robando la vida. <br />
</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/248t.jpg" title="El verdadero amor" alt="El verdadero amor" /></p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2006-02-07T06:07:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:50:00Z</updated>
		<title type="html">Pez volador</title>
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		<category term="Arte" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width:500px"> <img src="https://librodenotas.com/images/239.jpg" title="Pez volador" alt="Pez volador" /><br />
&mdash;Ya eres un mozo, ya puedes cruzar solo la charca, pero recuerda que el pez grande se come al chico&mdash; le dijo su madre. <br />
Se puso los pantalones verdes y la camisa amarilla y salió a dar  su primer paseo por la vida.  Era un día de julio y las Ramblas estaban llenas de otros animales. Llegó hasta el mar y se sentó a la orilla. Observó que el agua ardía y se iluminaba incendiada.  Miró a lo alto y vio una bola de mil colores que volaba cercana. No había nadie a su alrededor. Sintió miedo al ver que la bola de colores caía en picado sobre él. Quiso ponerse a salvo debajo de una piedra, pero el animal volador la levantó con su pico de plata y mirándole con ojos de corcho le preguntó su nombre&#8230; <br />
Llegó a su casa muy excitado, la camisa mal metida dentro de los pantalones verdes, los calcetines mal puestos. Tenía miedo de que su madre le viera así y pasó despacio levantando sus setenta y una patas como en cámara lenta. Cuando parecía que estaba a salvo, su madre le preguntó: <br />
&mdash;¿Qué tal te ha ido?<br />
&mdash;Bien &mdash;respondió un poco turbado&mdash; he conocido a un pez que volaba. <br />
Aquella noche cogió su libro de seda, se cambió de camisa y se fue a vivir con el pez volador. Llevan viviendo juntos treinta y cinco años. <br />
Muchas noches el gusano chico se come al pájaro grande. <br />
</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/239t.jpg" title="Pez volador" alt="Pez volador" /></p>]]></summary>
	</entry>
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		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2006-01-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:50:00Z</updated>
		<title type="html">Milagro en la Quinta Avenida</title>
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		<category term="Arte" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width:500px"> <img src="https://librodenotas.com/images/224.jpg" title="Milagro en la Quinta Avenida" alt="Milagro en la Quinta Avenida" /><br />
Numeraron, como si de una vieja catedral se tratara, todos sus huesos y los trasladaron a otra ciudad, y su cuerpo seguía en pie. Atravesaron su costado con un tronco del árbol mayor del bosque y su corazón permanecía latiendo. Fue violada por ejércitos de vencedores, saqueada su hornacina, arrasado el clítoris, achicharrados los labios vaginales y continuaba siendo virgen. Enculada por polifemos  hambrientos su esfínter se cerraba después de cada embestida.  Descargaron una tormenta de rayos láser en su frente y se convirtió en corona de martirio y santidad. Sus cabellos seguían intactos. Bajaron arcángeles enmascarados de fieras, lobos disfrazados de ángeles, demonios vestidos de corderos y los cilicios se convirtieron en consoladores, los consoladores en látigos, los látigos en coronas de espinas y aun así perseveraba en su amor al Creador. Arrancaron sus ojos y veía, destrozaron sus labios y sonreía, su lengua fue desarraigada y todavía besaba. Despedía una fragancia tan honda, una mezcla de jazmín, azufre, semen y lavanda que, aunque el martirio fue a finales de enero, los árboles florecieron y la nieve se convirtió en arena caliente y movediza. Virgen, mártir, ángel, santa, deshuesada, piel bendita, esclava de Dios, sumisa del mundo, milagroso ejemplo para herejes y ateos. Una estampa de vivísimos colores que sólo los incorruptibles gozamos. Tú, lector impío, la ves en blanco y negro, cegado como estás para el color por tus muchos pecados.<br />
</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/224t.jpg" title="Milagro en la Quinta Avenida" alt="Milagro en la Quinta Avenida" /></p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2005-12-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:50:06Z</updated>
		<title type="html">Retablo de las Vírgenes ateas</title>
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		<category term="Arte" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p><p align="justify" style="width:500px"> <img src="https://librodenotas.com/images/211.jpg" title="Retablo de las Vírgenes ateas" alt="Retablo de las Vírgenes ateas" /><br />
Delgado, un árbol con raíces de barro, el ángel del miembro de oro, protegía a estas cuatro vírgenes ateas cinceladas con semen nocturno en el retablo de la muerte.<br />
Melibicia. Remendada por Celestina llegó a ser de nuevo virgen. Llena de oros y piedras preciosas, a la débil luz de un candil se ofreció con los ojos cerrados. Se mordió el labio inferior y dio un grito falso y fingido cuando sintió la espada que la penetraba. El joven príncipe respiró hondo cuando vio la sábana manchada de rojo. En la cocina, rodeada de los criados, la vieja se emborrachaba y contaba, una vez más, las monedas que había recibido por el remiendo.  Amanecía. <br />
Dulcinicia. El cinturón de castidad se llenó de moho y los intestinos de una hierba amarilla, telarañas de oxido y orín. El se fue a la guerra y nunca volvió. El herrero del pueblo, con su poderosa herramienta, rompió la barrera protectora antes de que fuera demasiado tarde. Tenía los ovarios llenos de peces ahogados de jugo astral. Atardecía. <br />
Delgadicia. Dicen los viejos del lugar que ya desde muy joven era así de delgada, pero resistente. Una vara de mimbre, un junco de acero, una caña de sexo mecida al viento de los hombres. Su vagina una rosa de abril que perfumaba, un diamante enfermo que cortaba, una boca de lobo que mordía, puerta abierta a llaves oxidadas, a llaves encendidas, a llaves mal fraguadas.  Anochecía. <br />
Aldoncicia. De perfil, siempre lo hacia de perfil y deprisa, un poco para calmar el ansia del guerrero que llegaba repleto de polvo y excitación. Su vientre era una cuna, su boca una pecera, sus nalgas de plomo derretido. Las arterias de leche regaban su cuerpo y cada año nacía un nuevo hijo: pechos como dos lunas rabiosas. Amanecía. <br />
Cuatro nombres, tres máscaras, dos vientres y un rostro.</p>
	<p></p></p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/211t.jpg" title="Retablo de las Vírgenes ateas" alt="Retablo de las Vírgenes ateas" /></p>]]></summary>
	</entry>
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		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2005-11-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:50:37Z</updated>
		<title type="html">Nota final para curiosos o siete flechas plomadas</title>
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		<category term="Arte" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width:450px"> <img src="https://librodenotas.com/images/210.jpg" title="Nota final para curiosos o siete flechas plomadas" alt="Nota final para curiosos o siete flechas plomadas" /> <br />
Cuando a los veinte años leyó en el periódico que había quedado finalista del Premio Adonais de Poesía (en aquel tiempo prestigiosísimo galardón) y vio su nombre impreso con autores cuyos textos son ahora estudiados, sintió que el mundo le pertenecía. Y, en su ciudad milenaria y que le ahogaba, se sintió importante. Luego recordaría, humilde y olvidado, años más tarde en Nueva York, que “la gente más intolerable son las celebridades provincianas&#8221;.<br />
De la ciudad que le torturaba se marchó a otra ciudad mediterránea y abierta, donde fue herido por la espada del sexo y del amor. Desde entonces, su vida fue una hoguera, una continua prisa. Allí la noche fue una sábana de seda para su cuerpo enamorado, una almohada de rosas para sus huesos de agua.<br />
Herido, cerró sus ojos a la luz de aquella ciudad luminosa, puso sus heridas en un baúl oscuro, vendió sus libros y su música (se llevó, eso sí, a Quevedo, Mahler, Cernuda y don Benito), firmó en el mar con rúbrica de gaviota y se marchó, como perro rabioso, olfateando las huellas del sexo a la ciudad caótica y babilónica. Allí se reencontró con la espada y vio cómo la Muerte le convocaba a ganar otro Premio de destrucción.<br />
De aquella tarde gloriosa de verano (las últimas golondrinas de la noche, hiriendo con sus fugaces sombras el jardín del niño) cuando él creyó haber sido galardonado para siempre con el bisturí de la poesía, hasta el ceniciento día de invierno en que, veinticinco años más tarde, escribió un poema titulado &#8220;Poeta menor&#8217;, un ciclo terminaba. Permanecía el amor incendiando su prisa, afilando su espada de deseo, azuzando sus sentidos. Los huesos de aquel muchacho provinciano hosco y orgulloso son ahora una torpe caligrafía en el húmedo tejido del texto, un olvido en el papel de la tierra; su corazón un nido de gusanos, sus ojos dos tazones de barro y de lombrices. <br />
Sólo pide que al morir le entierren a su lado.<br />
</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/210t.jpg" title="Nota final para curiosos o siete flechas plomadas" alt="Nota final para curiosos o siete flechas plomadas" /></p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2005-10-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:50:27Z</updated>
		<title type="html">La poesía</title>
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		<category term="Arte" />
		<category term="Poesía" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width:500px"> <img src="https://librodenotas.com/images/209.jpg" title="La poesía" alt="La poesía" /> <br />
De qué torrente nace, en qué pozo se cubre de eco marinero, de qué montaña llega, dónde queda escondido el metal de su aliento, en qué túnica de humo se bautiza, qué desnudez la suya, en qué tierra de nadie proclama su inocencia, si pura, qué sangre anima el fuego de su sexo ignorado,  si violada, qué banda narradora la forzaron a beberse su tinta. Si es un cuerpo de guerrero qué bronce mal fraguado en la hoguera de Apolo le tizna con un virus de moho su torso amoratado. ¿Dónde está su belleza intocable? ¿En un mármol roído de lujuria, en la rúbrica del óxido firmando su sentencia o en una rosa agrietada en su esplendor de mayo por la ferocidad sin freno del olfato cobarde? Ignorando si llamarla con nombre de batalla o con signo de tregua, bautizada de almendra, con el velo nupcial apuntalado de hambrientas gaviotas, o dejar que su sombra enajenada se refleje en el asilo de la rama,  domado su galope enfebrecido, con lentitud de carroza plomada que aplaste las arrugas de la tarde. Cuando ansías su lengua de muchacha te ofrece la amargura de su boca de fruta no madura, su saliva vinagre, agrios sus labios con bozales de espuma, cuando esperas en noches de tormenta que llueva en la ventana del poema te ofrece la sequía abacial de la cuaderna vía, sudario de la rima condenada, consonantes de polvo y de ceniza, cuando piensas en ella, cuando esperas su aroma de <em>tedéum</em> triunfal  te da un <em>deprofundis</em> de silencios. Encendida la lámpara del aceite bendito esperas su llegada, virgen prudente y necia, beata del incienso que perfuma sus pechos, que llegue cuando quiera, que juegue con tu pelo, que caliente tu boca, que te ayude, que desnude tus ojos, que te envuelva tus manos en tules congelados, que le dé al corazón una armadura de soldado vencido, en tu sien un disparo de pólvora cautiva. Siempre la incertidumbre de no saber si vuelve, si olvidó mi costumbre de acariciar sus muslos. Siempre teniendo miedo de ser tan sólo un  siervo que no le da placer a su látigo húmedo, perro que solo bebe de su lluvia oxidada de tiempo y musgo ronco, de ser tan sólo un hombre sin simiente para su corazón de madre, de ser una mujer para la ambigüedad de su mirada y ofrecerle un orgasmo en la falsa bandeja de mi voz de castrado para su colección de autógrafos sin nombre. Y siempre la amargura, la duda, el desaliento de que no me conozca, que me ignore, que no vuelva jamás y si me deja ¿cómo vivir sin el sonido de su voz, sentir sin el  cuchillo de su aliento, respirar sin el aroma de su muerte? <br />
</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/209t.jpg" title="La poesía" alt="La poesía" /></p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2005-09-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:50:36Z</updated>
		<title type="html">Ojos de Salzillo</title>
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		<category term="Arte" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width:450px"> <img src="https://librodenotas.com/images/134.jpg" title="Ojos de Salzillo" alt="Ojos de Salzillo" /> <br />
Ojos de cama y para enamorarse. Goterones de lluvia, dos eclipses de agua. Dos almendras maduras, ojos de barro  de un ángel de Salzillo. Celosías de seda. Ojos de otoño. Dos ciervos en la sombra, luz vidriosa que huye. Piedras de mazapán amargo, ojos de ciervo herido. Rosetones de azogue. Ojos de humo, pedernales que encienden al invierno. Ojos Juan de Pareja. Ventanas con raíces oscuras rompiendo la clausura de la rosa, ojos de brezo. Goterones de miel, dos pezones lamidos por pestañas celosas. Dos brochazos de fieltro. Dos membrillos maduros. Ojos de santo condenado. Mirada de Pavese equivocada.  <br />
No tendrá tus ojos que tendrá los míos. <br />
</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/134t.jpg" title="Ojos de Salzillo" alt="Ojos de Salzillo" /></p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Marcos Taracido</name>
		</author>
		<published>2005-08-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:51:06Z</updated>
		<title type="html">Una voz</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/decuerpoentero/7096/una-voz" />
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		<category term="Arte" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width:450px"> <img src="https://librodenotas.com/images/135.jpg" title="Una voz" alt="Una voz" /> <br />
<em>Para J&#8230;</em><br />
Con poemas de los dos, como regalo de cumpleaños, recibo tu voz desde España. Es una  voz  de seda ronca, de barro florido, mojada de melancolía que alarga la respiración de los versos, entrecomilla las metáforas y doma al adjetivo. Es una voz ruidosa que avanza, como un arado, entre los surcos del poema, ahondando en su oscura belleza. Una voz con el chisporroteo leve de las eses. Una voz que embellece tanto los poemas que no me parecen míos y  los que reconozco me hablan de un pasado lleno de y temblores y también un tiempo de amor. Los tuyos, mis favoritos, me traen tu infancia, la escuela, la luz de tu tierra, la luminaria de tu huerta y el rugoso sonido del viento. Noto tu lluvia. Te siento aquí arropado por la brusca fragancia del Moncayo que vuela de tu pecho: un pájaro de mármol. Tu voz me deja herido, amarrado al limo de la melancolía, envuelto en la tela resbaladiza de la saliva de tus labios. Me aproxima, en esta noche de mayo destemplada, tu cuerpo, tu amistad y tu poesía. Me aleja de tu ausencia.<br />
</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/135t.jpg" title="Una voz" alt="Una voz" /></p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2005-07-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:50:53Z</updated>
		<title type="html">La clave del leño</title>
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		<category term="Arte" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width:450px"> <img src="https://librodenotas.com/images/142.jpg" title="La clave del leño" alt="La clave del leño" /> <br />
Fue número uno en la escuela primaria, excelencia en el Bachillerato, ganó diplomas, medallas y títulos que se llenaron de polvo y humedad en el silencio y la oscuridad de una casa prestada, dejó su tierra cuando tenía dieciocho años y se fue a vivir a España, después a Inglaterra y más tarde a Estados Unidos. Sus ojos eran dos puntos luminosos resaltados por las interjecciones de sus cejas y las comas de sus pestañas. La boca finísima, labios del doncel de Sigüenza, cuerpo de un muchacho de Boticelli, torso del David de Miguel Ángel. Se enamoró en Barcelona una tarde de verano. Fue caballero de la corte de Carlos V, amigo de Garcilaso, ayudó a Juanelo Turriano en sus inventos del Hombre de palo, socorrió a Sancho cuando fue gobernador de la Isla de Barataria, sostuvo a Clavileño para que se subiera a él, pasó las partituras a Schubert, amó a cientos de cuerpos jóvenes y cuando una tarde de julio encontró al Amor fue su caballero para siempre, le ayudó en los inventos de la vida, le pasó sus hojas a limpio y le invitó a subir a su caballo de madera. Cabalgando juntos el caballo volaba por espacios de fuego. Hoy aquel niño de pelo fuerte y luminoso, mirada honda, labios de brasa, celebra otro aniversario del encuentro y enciende, lentamente, una hoguera en sus ojos, mientras intenta recordar los nombres de todos los cuerpos que le amaron y que él amó. Tu nombre va el primero. <br />
</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/142t.jpg" title="La clave del leño" alt="La clave del leño" /></p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2005-06-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:51:06Z</updated>
		<title type="html">Por la boca muere el pez</title>
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		<category term="Arte" />
		<category term="Poesía" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width:450px"> <img src="https://librodenotas.com/images/112.jpg" title="Por la boca muere el pez" alt="Por la boca muere el pez" /> <br />
Cuando este pez vio el anzuelo del viejo pescador, lo primero que hizo fue mirar a los ojos de Hemingway que borracho intentaba hilvanar una historia de un viejo y el mar. Antes, muchos siglos antes, había sido el pez que junto con un pan se multiplicó y sació a cientos de bocas hambrientas. Sirvió de idea a Isaac Peral para algo que luego llamaría submarino. Fue el último pez que en los mares catalanes llevó encima de sus escamas las cuatro barras. Es el pez que llevando una corona principesca es usado como consolador por la princesa (Micomicona) Pez caballodetroya en las manos de un árabe,  bombadehiroshima en los ojos de un judío, trampa en un tren, traca en un bar, trueno en un hotel, empecinado pez de paz ahogada. Es la primera bombilla que diseñó Edison, rosario para la boca de un muerto, cilicio para la vagina de una monja, pez despedazado en el claustro del cieno. Es un pez que trae la abstinencia entre sus vísceras de Viernes Santo. Un pez que se come al grande, que nos obliga a mojarnos el culo de la necesidad, es un plato del que comen a diario los políticos que, siempre, mueren por el pez de la boca.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/112t.jpg" title="Por la boca muere el pez" alt="Por la boca muere el pez" /></p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2005-05-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:51:13Z</updated>
		<title type="html">El reloj del tiempo</title>
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		<category term="Arte" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width:450px"> <img src="https://librodenotas.com/images/111.jpg" title="El reloj del tiempo" alt="El reloj del tiempo" /> <br />
Un juguete metafísico para el relojero  de Könisberg con      remos  de la barca de Caronte y sonido ronco del gallo de San Pedro. Hongo atómico para despertar al  alba, robot de Oriente con sombrero de seda, tictac que suena hueco en la cueva de Montesinos y despierta al Caballero de la Triste Figura de su sueño de cuatro siglos. Son las siete menos cinco en el reloj de nuestras vidas. Hasta que sean las siete (ha de pasar un minuto, un siglo o un silencio) me miro en tu reloj: Caminante perdido en las Ramblas, bomba de relojería un siete de julio, despertador de la luz un lunes al alba, sudario de las sombras en noches de temblores, mirada en el destierro, látigo untado en miel. La manilla grande es una navaja automática, una guadaña mecánica que avanza lenta y se lleva la respiración de las horas, dejando su cuerpo como un  barbecho arrasado. La manilla pequeña es la cacha de la vara mágica de Dios, el mango del paraguas del demonio, el rabo del caballo de Troya, la verga de Polifemo, el consolador de la reina. Suena la alarma y es hora de levantarse. Es la hora para que los muertos se duerman, es el tiempo para que Homero no tenga que mirar el reloj del cansancio de Ulises, es la hora del ángelus en el reloj onírico de Dalí, es el momento en que  tengo que salir a la noche y dejar la sábana arrugada de tu lecho.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/111t.jpg" title="El reloj del tiempo" alt="El reloj del tiempo" /></p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2005-04-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:51:32Z</updated>
		<title type="html">El eje de la tierra</title>
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		<category term="Arte" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width:450px"> <img src="https://librodenotas.com/images/110.jpg" title="El eje de la tierra" alt="El eje de la tierra" /> <br />
De niño era imposible pensar en cómo sería esa línea imaginaria alrededor de la cual la tierra, decían que giraba. Si imaginaria ¿cómo sería: un eje hecho de niebla, una barra de hielo, un tronco de caoba, la lanza de Don Quijote, el Amazonas puesto de pie o el báculo del Papa? Y ¿cómo sería esa tierra redonda que giraba alrededor de ese eje imaginado? ¿Sería también una tierra imaginada, una enorme selva llena de fieras salvajes, salpicada de ríos en celo y cataratas suicidas, un paraíso soñado, una enorme naranja olorosa e iluminada? ¿Habría lugar para  bibliotecas llenas de signos, libros repletos de claves, exámenes cargados de soluciones? ¿Vivirían los guiños entre los paralelos o lo harían entre los meridianos? ¿A qué lado se hallarían el Bien y el Mal, con los números o con el esplendor del verano? ¿Habría en esa vasta extensión de fuego, de agua y de aire un lugar para labios como espadas? O por el contrario ¿estaría el Gran Policía Polifemo con el ojo abierto, vigilando, siempre vigilándonos? Y ¿si el eje fuera el lápiz de un mal dibujante que tiene que poner el título “con letras góticas” para que se sepa lo que  ha pintado? Señores y señoras: “Este es el globo terráqueo del bachiller  Sansón Carrasco, el mapamundi del Caballero del Verde Galán, un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme. Y mi nombre es Orbaneja, el mismo que pintó un gallo para Cervantes”.  Esto es una ecuación imposible de resolver. Si se fijan le falta la incógnita.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/110t.jpg" title="El eje de la tierra" alt="El eje de la tierra" /></p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2005-03-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:53:49Z</updated>
		<title type="html">Siete sugerencias para fabricar un paraguas</title>
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		<category term="Arte" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p><p align="justify" style="width:450px"> <img src="https://librodenotas.com/images/109.jpg" title="El paraguas de Cayetano" alt="El paraguas de Cayetano" /> <br />
Un paraguas se fabrica de lluvia y de sombra y es un pozo que se ha convertido al ateismo del cieno. <br />
Un paraguas abre la herida del agua y cierra la cicatriz del rayo y es una cueva donde el trueno piensa. <br />
Un paraguas es un pincel de Cayetano en un día de tormenta, es una <em>columna</em> llena de polillas enemigas, es una media luna herética donde el relámpago duerme y es un cuento chino de papel de seda.<br />
Un paraguas se hace con varillas de plata, tela de la saya de mi abuela y con mango de sexo retorcido y excitado. Un paraguas es una inculatoria para el caballo de Troya, es una interrogación que exclama a la pregunta de la lluvia. </p>
	<blockquote>
		<p>Los canónigos en La regenta llevan paraguas. <br />
Un paraguas inmoviliza al verano cuando llueve y para al sol.<br />
Un paraguas es una preposición mojada.<br />
Un paraguas se fabrica de noche,<br />
se vende de día<br />
y se pierde siempre.</p>
	</blockquote>
	<p>En un paraguas está escrita la <em>leve historia del mundo</em>.</p></p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/109t.jpg" title="Alrededor de un paraguas" alt="Alrededor de un paraguas" /></p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2005-02-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:53:57Z</updated>
		<title type="html">Media vida</title>
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		<category term="Arte" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width:450px"> <img src="https://librodenotas.com/images/69.jpg" title="Media vida" alt="Media vida" /> <br />

La mitad de mi vida compartida con tu vida. Media vida que son muchas vidas, muchas esperas en la claridad de la ventana y en la oscuridad de la alcoba, muchos silencios llenos de palabras, respiraciones con mayúsculas y minúsculas, puntos y comas, caricias con exclamaciones, olores en gris caligrafía, sueños reales llenos de rostros y nombres, ciudades nocturnas, lluviosas, otoñales con olor a uvas a y membrillos, olvidos redondos, maduros, y punzantes, cuerpos amados en la cama redonda del alba llenos de polvo, ceniza y nada, cuerpos llenos de peso, la sangre conquistada, el amor crecido, luminoso de colonia y jabones, los ojos, tus ojos, los míos, los ojos de tus ojos abarrotados de palomas, de otros ojos y otros cuerpos de fuego, la noche, una noche, otra noche con noticias, ruidos, secretos y sirenas, un año y otro año y este año que parte la vida en dos, la tuya y la mía y la dobla guardándola en un pañuelo con iniciales que la oscuridad borda y nadie entiende. La mitad de una vida que son la tuya y la mía.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/69t.jpg" title="Media vida" alt="Media vida" /></p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2005-01-07T23:48:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:53:50Z</updated>
		<title type="html">Santos de palo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/decuerpoentero/6111/santos-de-palo" />
		<id>tag:librodenotas.com,2005-01-07:77c262b7562572606450a68115f67ab6/5ee36c4cba28a504f7934249e895d5c8</id>
		<category term="Arte" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width:450px"> <img src="https://librodenotas.com/images/66.jpg" title="trampa" alt="trampa" /> <br />

El de la izquierda toma nota en un libro de cifras con un abecedario de plomo derretido. Con la coraza de humo, la mirada medieval, la sotana de pieles cismáticas, te mira, lector, nos mira con ojos de inquisidor y nos llama a la hoguera con voz de esparto. Entre sus manos un látigo de tinta oscurece el pergamino y en su vientre crece una guadaña de plata. Este paje de paja que juzga, este predicador apedreado que absuelve, este campesino ilustrado que decapita, este escribano analfabeto que escribe cartas de amor, el de la izquierda, te mira, lector, nos mira y toma nota de la gente que sale y entra en su huerto cerrado donde tiene enterrada a Melibea.  El de la derecha lo observa todo con el pecho en invierno y preparado para el fuego, los pájaros con las alas oxidadas, la nieve florida, el viento helado colándose entre los huesos. Abierto al hogar de las faldas, cubierto con las polainas del deseo, las vísceras repletas de oscuridad, espera al matarife. Este espantapájaros que respira, este faro carbonizado para cegar a la muerte, este santo de palo, esta bailarina atea, esta zancuda paralítica es una cruz para que el viento se crucifique, una hoz para que la lluvia decapite a la niebla, un martillo para que clave sus alcayatas de cieno en la madera seca. Es una boca de lobo para el aliento de la noche. Soy yo. Entre los dos forman una pareja de cuerpo entero. </p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/66t.jpg" title="Santos de palo" alt="Santos de palo" /></p>]]></summary>
	</entry>
	<entry>
		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
		</author>
		<published>2004-12-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:53:51Z</updated>
		<title type="html">Trampa</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://librodenotas.com/decuerpoentero/5925/trampa" />
		<id>tag:librodenotas.com,2004-12-07:77c262b7562572606450a68115f67ab6/f46d684e52d0410ec063ae11315bb449</id>
		<category term="Arte" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width: 450px;"> <img src="https://librodenotas.com/images/42.jpg" title="trampa" alt="trampa" /> <br />

<small>barrero.7 de julio, 02</small>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>Para Cayetano Lupeña: el nadador que ve, nada</strong> <br />
<br />

De tan ángel como era se convirtió en bestia. Fue despojado de sus alas y desnudo arrojado del paraíso. Sentenciado a mirarse en un espejo y a velar durmiendo en un lecho de sábanas de seda y plumas, provocaba a jóvenes de soledad y fuego, enseñando su espalda, su raja de oscuridad en brasas, su bellísimo culo, estrecho y prohibido, sus curvas de demonio y su perfil de tigre y de ángel. Los que se atrevieron a mirarse al espejo que, aparentemente parecía vacío, fueron anillados con el veneno de su aliento y los que pretendieron ver su sexo, dicen que el más bello de todos los sexos, murieron en la madrugada ahogados de resplandor. Nadie, ni los de Nicea, supieron del sexo de un ángel, menos el de un demonio.  El Bosco le dibuja escondido debajo de un carro de heno, Dante lo pone  en el purgatorio, Velázquez le da un cuerpo de  mujer desnuda mirándose en un espejo y Miguel Ángel Buonnaroti le pone de pie en el David y cuando le vio tan hermoso como un dios escribió: “Me gustaría que mi cuerpo fuera un  ojo único”. Un ojo para ver y un ojo para sentir. Un ojo que le dejara ver la Belleza y le diera fuego a su corazón y a su verga. Pero Miguel Ángel sabía que el corazón necesita dos ojos para la visión, tres ojos para el amor, miles de ojos para la emboscada y que el corazón ama despacio cuando el ojo no ve. Era una estatua de carne que podría ser de piedra, un modigliani de humo que confesaba al fuego, un caravaggio que convertía la sangre en agua, un greco perturbado lleno de serenidad por las calles de Toledo. Era la peste negra, la que mató a tantos cuerpos en flor, la vida que mataba a la muerte, era el primer amor y el último, la noche más clara y el día más turbio. Mitad monje con cogolla de maitines y mitad guerrero con coraza de saliva. Serpiente venenosa e insinuante siempre atenta al silbido del viento. Androgina cenefa, travestido de la aurora, pechos llenos de hormigas, dos pezones de hierro listo para morder.  Bestia arcangélica reposando su cabeza en un cojin de plumas, frágil cristal donde beber la vida, temblor de madrugada.  Tan bestia que era un ángel expulsado del paraíso. Allí le cortaron las alas y le dieron un espejo donde siempre estaba reflejada la cara de la muerte. Mirarle era salvarse. Adentrarse en su trampa, condenarse.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/42t.jpg" title="trampa" alt="trampa" /></p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
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		<published>2004-11-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:49:37Z</updated>
		<title type="html">Calcetines de lana</title>
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		<category term="Arte" />
		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width:300px"> <img src="https://librodenotas.com/images/24.jpg" alt="" /><br />
Dejaba una vida y una muerte, un claustro en silencio y una celda con olor a libro viejo y a madera cansada. Salió de madrugada, huyendo, cuando la ciudad dormía. En Zocodover miró al Cristo del Arco de la Sangre. No sintió nada al ver que el tren se alejaba. Quiso mirar hacia atrás pero no pudo. Se notó raro vestido de paisano. Echó de menos, en la fría madrugada de octubre, el calido roce del hábito de estameña marrón. Sintió los pies calientes envueltos en unos calcetines negros de lana que ella le regaló cuando empezó a confesarse con él, un año antes de dejarla embarazada. “Dónde irá  con este invierno tan crudo y en sandalias. Va para santo. Y lo guapo que es. ”, decían las beatas al verle pasar . Leyó, desde la acera,  el letrero de fondo azul: “Pensión <em>La regenta</em>”. Subió los tres pisos y por primera vez comenzó a pesarle la maleta y a quemarle  la  cabeza. Abrió la puerta un hombre con ademanes de canónigo, calvo, gordo, la mirada perdida. <br />
 &#8211; ¿Tiene habitación libre?<br />
 &#8211; ¿Cuánto tiempo?<br />
 &#8211; Toda una vida.<br />
 &#8211; Espere que se lo pregunte a Ana, mi mujer. <br />
Desde la pequeña ventana de su nueva celda la torre gótica de la catedral se manchaba de sombras y las campanas tocaban a muerto.<br />
</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/24t.jpg" title="Calcetines de lana" /></p>]]></summary>
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		<author>
			<name>Hilario Barrero</name>
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		<published>2004-10-07T07:07:00Z</published>
		<updated>2006-03-31T16:54:05Z</updated>
		<title type="html">Ropa tendida</title>
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		<category term="Literatura" />
		<content type="html"><![CDATA[<p align="justify" style="width: 450px;"> <img src="https://librodenotas.com/images/1.jpg" title="Ropa tendida" alt="Ropa tendida" /> <br />
<br />

Han colgado sus vísceras al sol de la mañana después de una larga jornada. Dobladas, en la cuerda floja del paisaje, las tienden para que la luz planche las arrugas, las dobleces del alma, las oscuridades del corazón. Los árboles ponen a la ropa tendida cerebro y sensatez, ahora que es tarde. Todavía el Levis de la derecha tiene una cicatriz de humedad. Solitarias colinas, pechos castigados por las pinzas del trigo, ofrecen su pezones sumisos a la voz del Amo. No olvidemos cómo el tanga de la izquierda, apenas un triangulo de luto, gaviota de semen reseco, resbala, lento, por los muslos azotados. Una brisa de acero tizna de gris el corazón de la coraza. Pasa un caminante y reconoce los tres sudarios: un monumento de humo a un glorioso <cite>ménage à trois</cite> a las puertas de la muerte. Si nos fijamos están señalados de fuego y cal. Tres vacíos  espantapájaros llenos de infierno.</p>]]></content>
		<summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://librodenotas.com/images/1t.jpg" title="Ropa tendida" alt="Ropa tendida" /></p>]]></summary>
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